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About Robert Lozinski

Autor de Blog El Maestro® y editor de los contenidos. Nacido en Moldavia, república perteneciente hasta finales de los 80 del pasado siglo a la desaparecida Unión Soviética. Licenciado en Filología por la Universidad Estatal de Kishinau. Doctorado en Filología Hispánica por la Universidad de Bucarest. Profesor de español en el Liceo Bilingüe “Miguel de Cervantes Saavedra” de Bucarest. Autor del Blog “La Ruleta Chechena" donde publica artículos y relatos. Su novela, "La ruleta chechena", fue premiada con “Francisco García Pavón de Narrativa, 2008”.

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Me llamo Neagos Corina Ioana y soy alumna en el undécimo grado en el Liceo Bilingue Miguel de Cervantes.  Acabo de leer un libro de Miguel de Unamuno, siguiendo la recomendación de mi profesora, la señora Sima Flavia.

La obra tiene 33 capítulos, un prólogo, un post-prólogo y un epílogo. También incluye cinco historias intercaladas. La confluencia de la realidad y la ficción reaparece en la autoría de algunas partes de la obra. Víctor Goti, un personaje y amigo de Augusto, es autor del prólogo. El post-prólogo fue escrito por Unamuno y el epílogo por el perro Orfeo.

El libro aborda la inseguridad del hombre moderno que se preocupa por su destino y su mortalidad.

El título está cargado de significado, dado que el libro difumina la línea entre la ficción y la realidad. También son nebulosas las descripciones físicas de los personajes y lugares, y hasta pone en duda la naturaleza de la existencia humana. Todas estas características  me fascinaron, razón por la cual leí el libro en sólo dos días.

La novela narra la situación de Augusto Pérez, un joven rico licenciado en Derecho. Hijo único de Madre viuda, a la muerte de su madre no halla qué hacer con su vida hasta que un día, paseando sin rumbo, conoce a una guapa y joven pianista, Eugenia Domingo del Arco de la que se enamora o cree enamorarse y cuya amistad trata de conseguir, cosa que efectivamente logra. Conoce a la familia de ella, que es también huérfana y vive con sus tíos, don Fermín, un “anarquista místico”, y doña Hermelinda.

Su cortejo es al comienzo rechazado por Eugenia, quien aclara a Augusto que ella ya tiene un novio, llamado Mauricio. Ante la respuesta de Eugenia, Augusto entabla una relación amorosa con una de sus sirvientas ocasionales, la señorita que le planchaba, Rosario. Después de algunas peripecias, Eugenia, movida, al parecer, por los celos, el instinto de competencia, y un quiebre con Mauricio, decide aceptar a Augusto como novio y futuro esposo. Se fija el día de la boda, pero antes de que ésta se realice, Augusto recibe una carta de Eugenia, en la que le dice que no se casará con él y que se ira a provincias con Mauricio, a vivir de un empleo que Augusto le había conseguido, porque Mauricio era un holgazán, y de sus rentas, las de la casa que Augusto les había cancelado la deuda de la hipoteca. Ante esto, Augusto decide suicidarse, pero antes decide ir a Salamanca a ver a Unamuno, con quien sostiene un dialogo memorable, en el que el autor hace el papel de Dios y Augusto el de criatura. Augusto recibe de Unamuno-Dios la revelación de que él, Augusto Pérez, no existe, sino que es una criatura de ficción y que está destinado a morir, no a suicidarse como él pensaba. Ante esto, Augusto se rebela, discute el carácter efectivamente real de Unamuno-Dios, lo desafía y le recuerda que él, Don Miguel, y todos los que lean, también han de morir. Abandona Salamanca muy confundido, dejando también muy perturbado a don Miguel, vuelve a su casa y Dios deja de aparecerle en los sueños: se “desnace”, es decir, se muere.

El final de la obra es otro aspecto que me encantó y también me emocionó mucho.

En casi todos los finales de las obras, se suele dar información de cómo corrió la suerte a los demás personajes, pero en esta obra Unamuno no lo hace así, a excepción de Orfeo, el perrito de Augusto. Nos dice que el mencionado cachorro, al ver a su amo sobre la cama y quieto, se subió a ella y empezó a olfatearlo. Se dio cuenta de que no vivía porque echaba como un olor a muerto, y además, ya no respiraba. Con las lágrimas en los ojos, empezó a pensar  que anteriormente fuera su amo y su dios, y todo lo que le debía. Sentía mucha pena por lo que había sucedido. Lleno de pena, murió también.

La ultima escena entre ambos es trágica: el personaje rebelado y el escritor tratando de imponerle lo mas elemental de la ficción literaria: el personaje morirá cuando y como le plazca a su creador.

Personalmente recomiendo encarecidamente Niebla a cualquier tipo de lector, pero más a aquellos pequeños filósofos, como somos la mayoría que nos gusta pensar, y que busquen todas las posibles interpretaciones de La Niebla.

Corina Ioana Neagos - 12A

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