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About Robert Lozinski

Autor de Blog El Maestro® y editor de los contenidos. Nacido en Moldavia, república perteneciente hasta finales de los 80 del pasado siglo a la desaparecida Unión Soviética. Licenciado en Filología por la Universidad Estatal de Kishinau. Doctorado en Filología Hispánica por la Universidad de Bucarest. Profesor de español en el Liceo Bilingüe “Miguel de Cervantes Saavedra” de Bucarest. Autor del Blog “La Ruleta Chechena" donde publica artículos y relatos. Su novela, "La ruleta chechena", fue premiada con “Francisco García Pavón de Narrativa, 2008”.

The Deer Hunter (literalmente en inglés: el cazador de ciervos; conocida como El francotirador en Hispanoamérica y El cazador en España) es una película dramática de guerra de 1978 dirigida por Michael Cimino. Además de ser galardonada con 5 oscars, la película está considerada como una de las 100 mejores películas de la historia del cine por el American Film Institute.

he Deer Hunter es una epopeya asombrosa que trata la vida de tres obreros siderúrgicos de Pensilvania: Michael, Nick y Steven, cuyas rutinarias y felices vidas se transforman de modo irreversible en medio de la trágica devastación de la Guerra de Vietnam. Allí son capturados por el Vietcong, los cuales mantienen a los presos en condiciones infrahumanas y les obligan a jugar a la Ruleta Rusa apostando a ver cuál de ellos sobrevivirá. Logran escapar, pero la experiencia les produce heridas físicas y psicológicas que les marcarán en su regreso a casa.

http://www.cartelmovies.net/el-cazador-1978/

No he aguantado la tensión y bajo el pretexto de ir a comprar no sé qué he salido de casa. La calle estaba casi vacía. Me imaginé que todos mis conciudadanos vibraban de emoción viendo la Final de Roland Garros entre nuestra Simona Halep y la rusa María Sharapova.

Duelo entre David y Goliat, ni más ni menos; 1 metro 88 la rusa y 1 con 68 la rumana, un apellido en el tenis mundial ya forjado y un nombre recién llegado y casi desconocido, aullando como una loba en cada golpe que da la rusa y sólo respirando con fatiga la rumana.

Desde un bar oí gritos de júbilo; la pequeñaja rumana hacía maravillas en el muy reñido segundo set.

En el supermercado me paré delante de una pantalla grande de televisor. Había otros que sufrían igual que yo. Simona peleó hasta el último cada pelotazo que la rusa le enviaba con una fuerza descomunal y con la rabia de acabar de una vez aquel suplicio al que la sometió su enana y anónima rival. El final ya lo conocen. Con el trofeo se hizo la rusa, alzándolo bien alto para que se viera. En cuanto a Simona, para mí no se quedó sólo con la satisfacción de haber jugado una final de Roland Garros sino de haberla jugado bien, con cálculo y valor propios de campeones en ciernes.

La guerra de los mundos (War of the worlds en inglés) es una película dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Tom Cruise y Dakota Fanning. Estrenada en 2005, el remake de la película de 1953 está inspirada en la novela homónima que H.G. Wells publicó en 1898.

Ray Ferrier (Tom Cruise) es un trabajador portuario divorciado de Nueva Jersey que recibe, un fin de semana, la visita de sus dos hijos: la pequeña Rachel (Dakota Fanning) y el adolescente Robbie (Justin Chatwin). Lo que no imagina es que, precisamente ese fin de semana, unos extraterrestres van a atacar la Tierra y que ahora sus vidas corren peligro.

http://tu.tv/videos/la-guerra-de-los-mundos-steven-spielbe

Jack Reacher (anteriormente titulada One Shot) es un thriller estadounidense de 2012. Se trata de una adaptación de la novela Un disparo, escrita por Lee Child. Escrita y dirigida por Christopher McQuarrie, la película está protagonizada por Tom Cruise como el personaje principal.

La película trata sobre un sujeto que un día, aparentemente pierde la cordura y mata a cinco personas sin relación alguna entre ellas, en lo que parece ser un caso claro de asesinato, junto al río Allegheny y donde todas las pruebas apuntan al sospechoso detenido, James Barr (Joseph Sikora), el cual resulta ser un francotirador retirado del Ejército de los Estados Unidos. Eso supuestamente confirma las pistas de Emerson (David Oyelowo), el detective de la policía responsable de la investigación así como el uso de un arma larga, junto con una bala recuperada de las que fabrica el propio Barr, y la precisión con la que ejecutó, fue posteriormente localizado.
Durante el interrogatorio, el sospechoso solamente da una pista: “Busquen a Jack Reacher”.

http://www.queveohoy.com/ver-jack-reacher-online

Collateral, conocida como Colateral o Colateral: Lugar y Tiempo Equivocado en Hispanoamérica, es una película estadounidense de 2004, dirigida por Michael Mann y escrita por Stuart Beattie, fue re-escrita por Michael Mann y Frank Darabont pero estos no aparecieron en los créditos como tales. El aclamado director Michael Mann brinda su inconfundible estética a este thriller estilizado que cuenta con una actuación cautivante de Tom Cruise, una interpretación nominada al Óscar de Jamie Foxx y participaciones destacadas de Pinkett Smith, Mark Ruffalo y Peter Berg.

Max (Jamie Foxx) es un taxista que emprende un viaje que cambiará todo cuando Vincent (Tom Cruise) le ofrece una suma considerable en efectivo a cambio de hacer varias paradas a lo largo del trayecto. Pero lo que comienza como una velada auspiciosa pronto se convierte en una noche desesperada cuando Max se da cuenta de que las paradas de Vincent no son simples trámites. Así Max se convierte en rehén de un asesino a sueldo tan calmado como implacable. Ahora debe hallar la manera de detener las muertes y sobrevivir.

http://tuspelison.com/ver-collateral-online/

La Novena Compañia (2005)

La novena compañía es una película rusa sobre la guerra de Afganistán. Tremenda, realizada a partir de hechos reales, donde los actores, unos chavales entre 18 y 22 años interpretan a personajes que murieron o que han sobrevivido al infierno y llegaron a contarlo. No es candidata al Oscar ni lo va a ser nunca, aunque se merece por lo menos un par de estatuillas doradas.

Cuando la vi me acordé de lo que me contaban amigos de la infancia, mayores que yo, que habían sido enviados allí, o compañeros de la facultad que estuvieron en el frente afgano. Nos enseñaban también fotos, rostros risueños que reflejaban serenidad y sensatez propias de personas que saben apreciar la camaradería, el pestañeo de unos ojos de mujer o un simple día con sol. El brindis preferido de estos chicos en las innumerables juergas que montábamos casi a diario era el invariable: Por seguir estando vivos. ...continue reading "La novena compañia"

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por Almudena Grandes

Cuando lo vio entrar por la puerta, no supo qué pensar.

Lo conocía desde hacía más de veinte años, y desde entonces le caía gordo, aunque no había podido evitarlo porque estaba casado con la hermana mayor de su mujer. Si hubiera sido por él, habría limitado el contacto a las cenas de Nochebuena y los cumpleaños de sus hijos, pero a su mujer le encantaba ir a su casa, que salieran los cuatro de vez en cuando, y pasar unos días cada verano en su chalet de la playa. Aquella afición, fuente de innumerables broncas, había estado a punto de dar al traste con su propio matrimonio. Porque a Pascual le gustaba mucho su mujer, siempre se habían llevado muy bien, pero no podía soportar que admirara tanto a aquel cretino con dinero, que no fuera capaz de ver su arrogancia, su petulancia, que le comparara en silencio con él a todas horas. Pascual era una buena persona, un hombre honesto que trabajaba como una mula en su bar, un local que abría casi de sol a sol, desde la hora del desayuno hasta la de la cena. Así había podido salir adelante, sacar adelante a su familia, tener todas las deudas pagadas y hasta ahorrar un poco. Antes de la crisis pensaba destinar sus reservas a la compra de un chalet en la playa, no tan grande, ni con tanto jardín, ni tan cerca del mar como el de su cuñado, un simple adosado, capaz sin embargo de satisfacer el más antiguo de los deseos insatisfechos de su pareja. No lo había hecho. Los tiempos no estaban para dispendios, y aquel colchón le había permitido capear el temporal sin despedir a nadie, sin reducir turnos ni bajar los sueldos. Tampoco había podido subirlos, pero sus empleados se daban con un canto en los dientes.

Como tantos españoles, Pascual se había acostumbrado a la crisis, a comprar lo justo, a no acumular pedidos, a llenar las vitrinas de la barra con las tapas que podía vender y ni una más, a mimar a sus clientes. Y no le iba mal. Estaba empezando a pensar que le iba incluso bien la noche que su cuñado escogió para llamarle por teléfono. Siempre llamaba un instante después de que él se dejara caer en el sofá, reventado tras una jornada entera de pie, detrás de la barra, cuando todavía no había terminado de llenar la copa de vino tinto con la que se premiaba antes de tomar un bocado viendo una película empezada en la televisión. Siempre llamaba en ese momento, pero esta vez el tono era distinto. No iba a proponerle un negocio estupendo, ni iba a hacerle un favor contándole lo bien que se llevaba con el director de su sucursal bancaria, ni quería convencerle de que sacara a los niños del instituto para llevarlos al colegio al que iban los suyos, ni contarle que le había comprado a Pili unas perlas muy buenas y muy bien de precio, y “quería decirte dónde las he conseguido”, por si le interesaba quedar bien con su mujer… No, nada de eso. “Si te viene bien, mañana me gustaría pasarme por el bar para hablar un rato contigo”. Eso fue lo que le dijo, y al día siguiente, al verle entrar por la puerta, Pascual no supo qué pensar, porque no supo quién era el hombre que venía a visitarle.

Por fuera todo era igual. Un abrigo de pelo de camello sobre los hombros, un traje azul, impecable, una corbata con la marca en el estampado, y todo tan bien planchado como el pelo canoso, ondulado sobre su cráneo. Por fuera sí, pero por dentro todo había cambiado. Lo vio en sus ojos extrañamente huidizos, en el temblor de sus labios al saludarle, en la insistencia con la que enrollaba y desenrollaba entre los dedos una tira de papel desde que se sentaron juntos a una mesa.

–¿Qué quieres tomar?

Primero hizo un gesto de desgana universal, como si no le apeteciera ninguna de las cosas de este mundo. Luego pidió una cerveza, pero apenas se mojó los labios con la espuma.

–Verás, Pascual… Yo he venido a pedirte un favor.

La cerveza le resultó útil sólo para mirarla, para tocarla, para darle vueltas al vaso sobre la mesa mientras hablaba sin levantar la vista hacia su interlocutor, que escuchó en silencio un discurso ordenado y fluido, tan bien trabado como si su cuñado lo hubiera ensayado minuciosamente ante el espejo. Y ni aun así se creyó lo que acababa de oír.

–Pero, hombre… ¿Qué trabajo le voy a ofrecer yo a tu hija? Aquí, ya ves, o servir mesas o estar en la cocina haciendo tapas, y una chica como ella, con carrera y varios idiomas y…

Su cuñado no le dejó seguir. También se había preparado esa réplica. Cuando terminó, Pascual se miró por dentro, se preguntó a sí mismo si se podía ser más tonto, y contestó que bueno, que la esperaba el día siguiente a las ocho en punto de la mañana.

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