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About Robert Lozinski

Autor de Blog El Maestro® y editor de los contenidos. Nacido en Moldavia, república perteneciente hasta finales de los 80 del pasado siglo a la desaparecida Unión Soviética. Licenciado en Filología por la Universidad Estatal de Kishinau. Doctorado en Filología Hispánica por la Universidad de Bucarest. Profesor de español en el Liceo Bilingüe “Miguel de Cervantes Saavedra” de Bucarest. Autor del Blog “La Ruleta Chechena" donde publica artículos y relatos. Su novela, "La ruleta chechena", fue premiada con “Francisco García Pavón de Narrativa, 2008”.

Volar a mi aire

Mi vida es esto.
Buscar a dios en los rayos de sol que calientan mi terraza.
En los trinos de los pájaros.
En el ladrido del perro que, a lo lejos, arruina la siesta de algún vecino
En el jaleo de las palmas que acompañan a la guitarra que Paco de Lucía
toca mientras yo escribo,
Quién estuviera ahora en Cádiz, con este whisky frente al Atlántico.
Quién pudiera volver a amarte con aquella furia salada.
.

Mi vida es esto.
Tomar decisiones y buscar en el espejo
las manchas que han parido sobre mi piel.
Cada arruga es una cicatriz de guerra
que no quiero ocultar.
Mi cara es el espejo de mi alma,
y la llevo lavada, descubierta, desnuda para ti.

Volar, volar, volar
ay, volar yo sólo quiero volar,
yo sólo quiero vivir a mi aire.

por Sergiu Lozinski, del V C

Una noche Juan paseaba por el pantanal en una barca. De repente vio unos ojos brillantes y oyó un croar y una voz ronca que decía:

- ¿Te puedo ayudar?

- ¿Quién ha dicho esto?

- Yo.

- No te veo.

- Estoy en la roca, delante de ti

- ¿Quién eres tú?

- Soy el Sapo de la Sabiduría y mi deber es responder a las preguntas de la gente.

-¿Me puedes decir cómo puedo salir del pantanal?

- Sí, gira a la derecha, tras el tronco hueco y sigue todo recto a lo largo de las charcas apestosas.

- Gracias. ¿Quieres venir a mi casa para ayudarme con los deberes?

-¿Tienes agua en casa?

-Sí. Puedes vivir en la bañera.

- Muy prometedor. Pero quiero unas pequeñas cosas.

- ¿Qué quieres?

- Un poco de fango, dos o tres nenúfares y una piedra redonda.

- Puedo darte todo eso pero ¿qué alimentos prefieres?

- Puedo sobrevivir sólo con moscas y cucarachas.

- Bien, buscaré en el jardín. Allí seguro los tengo.

El sapo saltó en la barca y fueron juntos a casa.

Es una especie de espectáculo por internet donde los alumnos del Liceo Cervantes van a presentar sus números artísticos. Los temas son libres. Pueden organizarse en equipos o lo pueden montar solos. Lo más importante es que todo lo que hagan lo pongan en español.

Un saludo.

Unos ojos verdes una muchacha de ojos verdes
Unos ojos verdes: muchacha de ojos verdes fată cu ochi verzi

Unos ojos verdes

Eran verdes... Y él nunca había visto unos ojos así, del mismo tono que las hojas de un árbol tierno. Erau verzi... Iar el nu mai văzuse pâna atunci astfel de ochi, cu aceeaşi nuanță a frunzelor unui copac tânăr.

colores y tonos culori şi nuanțe: marrones maro, cafenii, verdoso verzui, castaño căprui /şaten, aceitunado de culoarea măslinei/măsliniu (aceituna măslină), azul albastru

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Vivir fuera ("Todo el mundo necesita verse desde fuera para saber quién es")

Vivir fuera. Todo el mundo necesita verse desde fuera para saber quién es
Vivir fuera por Javier Cercas

Hace un cuarto de siglo viví fuera de España durante dos años, en Estados Unidos, no lejos de Chicago. Por entonces yo era muy joven y quería ser norteamericano; mejor dicho: quería ser un escritor norteamericano; mejor dicho aún: quería ser un escritor norteamericano postmoderno. Vivir fuera me enseñó algo importante: que yo era español –o al menos esa mezcla de extremeño y catalán que quizá sólo se puede llamar español– y que en consecuencia tenía que resignarme a ser un escritor español. Fue una decepción tremenda, de la que intenté vengarme entregándome con entusiasmo a las cosas que se supone que hacemos los españoles: comer a las tres de la tarde, dormir la siesta, hablar a grito pelado y demás salvajadas por el estilo. He vuelto a hacerlo. Quiero decir que he vuelto a vivir fuera, esta vez en Berlín, donde he pasado cuatro meses en la Universidad Libre, hablando de Borges. Por cierto que sólo ahora he descubierto que yo no era tan original como me creía, y que, para saber quién es, todo el mundo necesita verse desde fuera. Borges, sin ir más lejos, necesitó vivir siete años en Europa, cuando era apenas un chaval, para descubrir que era argentino, y por eso (o porque decidió hacer de la necesidad virtud) su primer libro se tituló Fervor de Buenos Aires, igual que los herederos legítimos de Borges tuvieron que querer ser escritores franceses o norteamericanos y tuvieron que vivir varios años en Europa para descubrir que eran latinoamericanos. Uno no vive fuera para descubrir a los demás, sino para descubrirse a sí mismo.

No sólo para eso, claro. A veces hay que vivir fuera para ganarse la vida; a veces dan ganas de hacerlo para aliviarse de las neurosis nacionales, o porque a uno le vence la sensación de vivir en un país frío y feroz, moralmente abyecto. Un país donde va a la cárcel quien roba diez euros y no quien roba diez millones. Donde la vida pública parece un estercolero en el que hozan sinvergüenzas especializados en dar lecciones de ética y mentirosos disfrazados de paladines de la verdad. Donde la televisión da asco y pena, mientras que las escuelas, las universidades y las librerías sólo dan pena...  el país semanal

¿Por qué nos marchamos?

por Javier Cercas

Como siempre he sido muy pedante y muy elitista (o como no se puede leer todo), nunca me animé a leer a Stephen King, quizá el novelista vivo más popular del mundo; pero, después de devorar la entrevista que semanas atrás le hizo en este suplemento Miguel Mora, pienso corregir ese error. Leyéndola, recordé el titular que un periódico gratuito colombiano publicó al día siguiente de la elección del papa Bergoglio: “Argentino, pero modesto”. A diferencia de la mayoría de los escritores, que apenas publicamos nuestro primer relato tendemos a sentir que entre Cervantes y nosotros se abre un vacío dramático en la literatura universal, King se considera un escritor de segunda. Sorprendido por su humildad, Mora le pregunta por qué se quita importancia; la respuesta de King es contundente: “Lo contrario de eso sería llamarme Il Grande, que sería lo mismo que llamarme El Gran Gilipollas. No quiero ser eso. Quiero ser tratado como una persona normal”. Muchas de las respuestas de King están llenas del mismo buen sentido (“La popularidad no siempre significa que algo sea malo”) y en conjunto delatan a un escritor de verdad, que es aquel a quien lo que le importa es escribir, no posar de escritor. De hecho, quizá lo único sospechoso de King, o del King de la entrevista, es su considerable brillantez: mi impresión es que, por regla general, en las entrevistas los grandes escritores suelen parecer un poco grises, porque un escritor de verdad, a menos que sea Oscar Wilde, es quien pone su genio en sus libros y sólo su talento en su vida, lo que explica que su vida siempre esté por debajo de sus libros y que él mismo sea a menudo, en persona, un poco decepcionante. Aunque quizá digo lo que digo porque aún no he leído ningún libro de King.

Pero no es de eso de lo que yo quería hablar. En un momento de la entrevista cuenta King: “Esta mañana íbamos en el coche, nos paramos al lado de un autobús donde iba una mujer sentada y pensé: ‘¿Y si ahora sube un tipo y le corta el cuello?’ (…). Lo importante es esa pregunta: ¿qué pasaría si…? Ese es el motor de mis historias”. Falso: ese no es el motor de las historias de King, sino el de todas o casi todas las historias, el de todas o casi todas las novelas, desde la mejor hasta la peor. Tomemos la mejor. Un día cualquiera Cervantes se dice: “¿Qué pasaría si, en vez de haber sido yo alumno de López de Hoyos y haber vivido en Italia y haber combatido en Lepanto y haber sido cautivo en Argel y ser un poeta fracasado, un dramaturgo fracasado y un novelista fracasado, me hubiera pasado la vida sin salir de un poblachón de La Mancha y leyendo libros de caballería?”. Esa es la pregunta inicial del Quijote, en ese punto exacto empieza la novela. ¿Significa esto que Cervantes es don Quijote y que todo lo que dice don Quijote lo dice Cervantes? Sí y no: todo lo que dice don Quijote lo dice Cervantes, pero también todo lo que dicen Sancho Panza y el cura y el barbero y los demás personajes de la novela, porque lo que dice la novela es el resultado poliédrico, complejísimo y contradictorio del diálogo entre todos sus personajes, empezando por el narrador; del mismo modo, Cervantes es don Quijote y Sancho Panza y los demás personajes de la novela, todos ellos carne de su carne y sangre de su sangre, todos ellos –por usar la expresión de Milan Kundera– “yoes hipotéticos” suyos, posibilidades no realizadas de su vida, caminos que hubiera podido seguir y no siguió, igual que King hubiera podido bajarse del coche en el que aquella mañana circulaba y se hubiera podido subir al autobús en el que estaba sentada la señora y le hubiera podido cortar el cuello. No lo hizo, por fortuna. Pero algún día quizá escribirá una novela donde él será a la vez el asesino y la víctima y donde, si le sale bien, expresará a la vez su furia y su miedo, su apetencia de muerte y su terror a la muerte.

Así funcionan las novelas; tanto para quienes las escriben como para quienes las leen, eso son: vidas hipotéticas, caminos que nuestra existencia pudo seguir y no siguió o aún no ha seguido. Y para eso necesitamos las novelas: para vivir de mentira lo que no pudimos o no quisimos vivir de verdad, para enriquecer nuestras vidas, para ensayar el futuro y prepararnos para él o protegernos de él, para vivir del todo.

elpaissemanal@elpais.es

por Robert Lozinski

En un mundo tan globalizado –o blogalizado, si prefieren- el aprendizaje de las lenguas extranjeras debe replantearse. La verdad es que ya no existen lenguas extranjeras. Hay sólo lenguas. Un internauta puede empezar su comentario en su lengua y acabarlo en otra lengua o escribir en su idiona materno en un blog en inglés, francés, español, alemán o italiano. Y lo que es más curioso, puede recibir una respuesta. Gracias a la blogalización, las fronteras lingüísticas se han borrado totalmente. El fenómeno es tan implacable y arrollador que de aquí a poco en internet se hablará un idioma blogalizado común que consistirá en uso de palabras clave, signos de puntuación que signifiquen algo, letras puestas al revés con su correspondiente sentido. Sus usuarios serán los que ahora son niños o muy jóvenes.

Mientras nosotros nos empeñamos erre que erre en colegializarlos, ellos desarrollan un aprendizaje paralelo en internet que va mucho más a prisa que lo que les damos nosotros en los libros, currículos o cualquier otro medio didáctico normalizado. Si no nos espabilamos, en breve habremos arruinado toda nuestra credibilidad y en cuanto a ellos los habremos perdido de vista para mucho tiempo.

Las escuela de hoy debe ser táctil, concreta, lista para moldear, probar, guardar o tirar. La escuela ya no está en el colegio. Hace tiempo que ha salido. Ha volado, se ha fugado. Con un simple tecleo hasta el más tonto puede encontrar la respuesta a cualquier pregunta, puede escribir un comentario sólo con trozos de palabras, signos de puntuación, errores espantosos. Nadie se escandaliza. Las faltas se toleran y se aceptan. Incluso facilitan la velocidad de la comunicación. No hay que buscar culpables ni corregir nada. Sería perder el tiempo o exponerse a un corta el rollo, tío, no fastidies, no te nos pongas en el camino, despeja.

Hay que adaptarse. Hay que entrar en su mundo como se tira al agua un buzo y aprender a nadar junto a ellos. Cuando pregunto a mis alumnos en el Aula del Blog El Maestro qué diablos significa uno u otro signo, una “D” al revés o una “S” no sé cómo, se ponen muy contentos y empiezan a explicármelo. Les mola hacer aprender al profe. Enganchados, me digo y aprovecho el momentico para enseñarles lo que sé yo, el español, corrigiendo lo que queda del comentario o del texto que acaban de redactar.  Así las cosas funcionan.