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El extraño sueño real

por Teona Daia, XI C

Cuando desperté, el dinosaurio todavía estaba allí. Todo a mí alrededor estaba desierto, sólo arena que se sentía muy caliente. No la podías tocar. El dinosaurio estaba allí. Pero no sabía cómo había llegado allí y cómo podía estar sentado en la arena. Era ese tipo de dinosaurio con garganta larga que solamente come hierba u hojas del árbol.

Ahora estaba en la cama. El dinosaurio todavía estaba allí, mirándome fijamente. No sabía qué quería y por qué no me dejaba en paz para dormir.

Entonces él bajó su cabeza hacia mí y esperó que yo hiciera algo. Pero, ¿qué? No entendía nada. Empecé a acariciarlo pero él no hacía nada. No tenía ni idea qué pasaba allí.

De pronto, me agarré a su cuello. Él empezó a moverse. Anduvimos horas y horas. Llegó la noche. Pero no podía dormir porque tenía hambre. En aquel desierto no había nada para comer así que busqué en el bolsillo de mis pijamas y encontré algunos dulces. El dinosaurio no quiso comer, así que yo comí su parte también.
Finalmente me quedé dormida. ¡Qué tristeza! Cuando desperté el dinosaurio ya había llegado. Estoy en mi habitación. Pero no puedo recordar qué pasó ayer. No creo que haya sido un sueño.

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