Mis vacaciones fueron perfectas. Fui con mi familia y con amigos a Italia. Comí mucho comida como Pasta con limón y bebi mucho zumo de naranja.
Pasta con limón
250 gr de pasta larga con huevo (preferiblemente fettuccinne, linguini o espaguetis delgada)
45g de mantequilla (80% de grasa)
30 gr de queso permesano rallado (Parmigiano Reggino)
cascara de 1/2 limon en un medio (1 cucharadita; es decir, 2 gr)
jugo de limón 1/2 media (es decir, 30 ml)
azúcar (opcional)
Perejil 1/4 manojo
sal, pimienta negra
La República Italiana es un estado unitario, republica parlamentaria situada en el Sur
La Moda Italiana tiene una larga tradición y es considerada una de las más importantes en el mundo. Milano, Florencia y Roma son las principales capitales de la moda italiana. Roma se clasificó en sexto lugar en el mundo y Milano en 12. Las grandes empresas de moda italiana son Gucci, Armani, Prada, Versace, Valentino.
Hades era el hijo del titán Cronos y de la titanide Rea y hermano de Zeus y Poseidon. Cuando los tres hermanos se repartieron el universo después de haber derrocado a su padre, Cronos, a Hades le fue concedido el mundo subterráneo. Allí, con su reina, Persefone, a quien había raptado en el mundo superior, rigió el reino de los muertos. Aunque era un dios feroz y despiadado, al que no aplacaba ni plegaria ni sacrificio, no era maligno. En la mitología romana, se le conocía también como Plutón, seńor de los ricos, porque se creía que tanto las cosechas como los metales preciosos provenían de su reino bajo la tierra.
El mundo subterráneo suele ser llamado Hades. Estaba dividido en dos regiones: Erebo, donde los muertos entran en cuanto mueren, y Tartaro, la region más profunda, donde se había encerrado a los titanes. Era un lugar oscuro y funesto, habitado por formas y sombras incorpóreas y custodiado por Cerbero, el perro de tres cabezas y cola de dragón. Siniestros ríos separaban el mundo subterráneo del mundo superior, y el anciano barquero Caronte conducía a las almas de los muertos a través de estas aguas. En alguna parte, en medio de la oscuridad del mundo inferior, estaba situado el palacio de Hades. Se representaba como un sitio de muchas puertas, oscuro y tenebroso, repleto de espectros, situado en medio de campos sombrios y de un paisaje aterrador. En posteriores leyendas se describe el mundo subterráneo como el lugar donde los buenos son recompensados y los malos castigados.
Bacteria were now the only form of life on Earth, but it couldn't be like this forever. Many new organisms appeared, but only one could beat the others with its intellect. Those creatures were...
... Fish.
Small ones like these: Big ones like these:
All marine beings, big and small had the same level of inteligence. They just needed a brain that could tell them to eat, hide, breed etc.
Here is a picture of the Brain of the fish:
It was a brain which could control the basic functions of the organism. It wasn't too evolved, but it was the most advanced brain back then.
El bulbo de la cebolla tiene en su composición un tallo a modo de disco y de este tallo salen las hojas. Las hojas tienen dos partes: la parte basal y la parte terminal. La parte basal está formada por vainas engrosadas y la parte terminal es la parte verde y fotosintéticamente activa de la planta.
El fruto es de tipo cápsula y contiene semillas pequeñas (1 g = 250 semillas), de color negro.
La cebolla en flor puede verse al cabo de pocos meses de sembrar bulbos de cebolla.
La cebolla nos ha llegado de Asia Central. Ya la consumian los griegos y los romanos.
Es la hortaliza más conocida y más consumida.
El principal componente de la cebolla es el agua, que supone el 90 % de su composición. En el 10% restante encontramos todos los nutrientes y todas las propiedades beneficiosas. Posee una fuerte acción contra el reumatismo, disuelve el ácido úrico, lucha contra las infecciones.
Da a la comida un sabor especial. Sofrita en el aceite, deja su aroma que constituye la base para muchos platos.
Jack Dempsey: Un campeón es alguien que se levanta cuando no puede
Actitudes para imitar
de www.elmundo.es (De la calle el ring en Gamonal)
Jeffrey -16 años, 100 kilos y el padre preso- comenzó a venir al gimnasio el pasado mes de junio, pero al poco tiempo se esfumó. No fue porque no le gustara. Ni por el dinero (para él es gratis). Ni tampoco por la disciplina. Fue porque tuvo que ingresar durante siete meses y medio en el Centro de Menores Zambrana por una antigua pelea en la que le partió la nariz a un chaval. Hoy está de vuelta. Golpea al saco y sentencia: «Cuando terminas de entrenar eres otro hombre». Sentencia y golpea al saco: «En ningún sitio me controlo como aquí dentro».
Iván -19 años y un hermano entre rejas- llegó directamente desde el banco de la calle al entrenamiento, con dos amigos, como quien entra a un after hour, vacilando, «haciendo el tonto», por matar el rato. «En este barrio la calle es bebida, droga, porros, delincuencia, ya sabes... Chavales como yo que le hacen daño a la familia», se quita el bucal y emana vaho de la espalda como un volcán. Los dos amigos se acabaron yendo. Él se quedó. No falla nunca: si hoy tiene la nariz roja es porque se acaba de comer un jab de izquierda.
Hada fue a hacer guantes con una mochila de delitos. Llegó a estar federada, peleó dos veces, tenía unas piernas rapidísimas. Como esas plantas olvidadas que de repente son regadas, gracias al boxeo la chica resucitó. Y parecía otra: el padre daba las gracias continuamente y decía que era la primera vez que su hija llegaba cansada a casa. Hasta que le vino una causa pendiente y el propio entrenador fue a declarar a favor de ella ante la justicia.
-¿Qué les dijiste en la sala?
-Les dije que era un error, que no era el momento de encarcelar a una niña. Ahora no: cuando se llevaron a Hada para dentro la chica estaba saliendo. Ni consumía.
Esta es la crónica de un milagro en un cuadrilátero. Este es el retrato alentador de un rincón mordido del barrio de Gamonal. Esta es la historia triunfal de los hijos del KO: la de un insólito Club Deportivo de Boxeo que se llama Saltando Charcos.
Jack Dempsey -rey mundial de los pesos pesados entre 1919 y 1926- decía que «un campeón es alguien que se levanta cuando no puede».
Eso decía Dempsey. Pues bien, aquí tienen a ochenta y tantos.
(...)
Está Mohamed, que fue maltratado en casa, tiene un hermano enganchado y no comía a fin de mes. Está Waly, que empezó robando chocolatinas ligeras y luego fue subiendo de peso... Está un chico hiperactivo de 14 años que viene en autobús desde Briviesca (50 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta) a sacarse lo que tiene dentro. Está Carolina, que calla su historia detrás de unos guantes rosas. Está Gleb, un adolescente kazajo que no puede competir federado porque su padre no tiene regularizada la situación. Están varios pequeños del barrio, felices, sin mancha, que han venido a probar. No está Mor, un vendedor ambulante de 22 años que tenía la madre enferma y a la que alimentaba con los 60 euros que cobraba por cada pelea...
«En diciembre de 2015 empezamos con esta escuela de boxeo. Como no podemos controlar todos los riesgos que tienen las niñas y niños de este barrio, lo que hicimos fue centrarnos en los resilientes: esos que a pesar de crecer en un contexto desfavorecido tienen capacidad para salir adelante», señala Óscar Caballero, educador y coordinador de la asociación Saltando Charcos, que trabaja con críos y jóvenes en situación de riesgo.
«El club de boxeo nace como prevención de toxicomanías y de conductas delictivas y pretende la promoción de hábitos saludables. Valores como la disciplina entre los chicos, el esfuerzo, el compromiso. Nosotros podemos llevarnos a un grupo de chavales a una actividad de fin de semana, pero eso lo pueden alternar con el consumo. Con el deporte no», prosigue. «En este barrio es muy normal tener un familiar preso, el paro, gente colgada por los ERE, la drogodependencia... Les ofrecemos este deporte, les llamo, les digo: 'No nos falles, no salgas este sábado', se emocionan... Hay chavales que cuando encuentran algo que les motiva se transforman por completo...».
Y lo que les motiva está al alcance de la mano: imágenes de los campeones Kiko Martínez y Cristian Morales empapelando la pared. Recortes de prensa y fotos de ellos antes del cambio. Pósters de veladas en León, en Valladolid, en Gijón, en Béjar o en el fin del mundo, como ese folleto de la agencia de viajes con el que sueña un chico que nunca salió del barrio.
Tiene el gimnasio un aire de escuela y de monasterio budista, un ADN de astillero y de sala de billares, una atmósfera de bote salvavidas y de taller de artesanía.
Se lo hicieron ellos todo con sus propias manos, hartos de que nadie se la tendiera y porque no tenían ninguna subvención oficial. A lo peor no podían derribar el muro del silencio, pero sí tirar una pared de ladrillos.
«Y la tiramos», cuenta Óscar. «Y efectivamente lo hicimos nosotros todo: el tatami, el ring de 3,5 x 3,5, los sacos...».
Debe de ser cosa del espacio físico en el que tiene lugar el milagro: en efecto, este local transformado en gimnasio fue la primera guardería que levantaron los antiguos comités obreros de las fábricas de Gamonal.
(...)
Se llama Jesús Matilla, tiene la nariz como un ala delta, una melena a lo arapahoe, da la mano como Frazier manda, fue campeón de España de pesos ligeros en 1983, está sin empleo y es el entrenador de los chicos de Saltando Charcos.
Cuando la crisis cerró la fábrica de repuestos de automóvil en la que Jesús trabajaba, éste anduvo dos años en el paro, haciendo chapuzas y mirando de reojo a las 16 cuerdas.
Los dos entrenadores que probaron antes que él tiraron la toalla a las primeras de cambio.
Jesús Matilla -el Cus D'Amato del barrio- no.
«Yo es que he sido un poco como ellos, ¿me entiendes? Criado en la barriada de Bakimet. Mucha calle. Mucha cosa vista. Mucho golfeo... Hay chavales que cuando tienen un problema me llaman a mí antes que al padre. Yo siempre digo que estos chicos, cuando boxean, vencen dos veces: en el propio combate (si es que ganan) y a su propio problema. Llegar a casa, ver la droga, la delincuencia, pelear contra sí mismos... Hay casos extremos: tenemos a un chaval en tratamiento con metadona, que viene a ratos, estoy encima de él, le digo: 'Dale al saco', y le da. Y al final sale reventado, que es de lo que se trata. Estos chicos son unos supervivientes».
Superviviente es el argelino Waly, que dice que antes los fines de semana eran «peleas y beber» y ahora se sube a la báscula para ver si está en su peso: «El boxeo es educación, no meterse en problemas, porque uno que hace boxeo tiene que saber que puede hacer daño».
Superviviente es el burgalés Iván, que conoce la droga de cerca y va a empezar unos estudios de Grado Medio. «En este barrio los chavales dejan de estudiar, terminan en la calle, están por ahí, necesitan dinero y la manera más fácil de tenerlo es delinquiendo. Yo he visto mucho a mi hermano y sé lo que no tengo que hacer».
Superviviente es el español de origen dominicano Jeffrey, que acaba de salir del centro de menores y ha vuelto al club de boxeo -sueña- para ser como Deontay Wilder. «He estado internado y en libertad vigilada. Si no estuviera aquí estaría liándola. Tengo amigos que me dicen que no venga aquí, pero yo quiero hacerlo. Por suerte no consumo: tengo un tío alcohólico que no lo ha dejado, muchas veces le he tenido que recoger, y no quiero acabar como él».
Sólo en los años nucleares de la crisis, entre 2008 y 2013, el paro en el barrio de Gamonal creció un 140%.
Hay más fechas que citar.
En 1980, el periodista Alfredo Relaño escribía: «La crisis económica es la única medicina que puede aliviar el boxeo».
En 2016, la gente de Gamonal piensa que es justo al revés: es el boxeo el que puede rescatar a las víctimas de la crisis.
(...)
Kinshasa tuvo a Mohamed Ali.
El Madison Square Garden tuvo a Rocky Marciano.
El Campo del Gas tuvo a Fred Galiana.
Y en esta antigua guardería obrera de Gamonal reconvertida en club de boxeo han tenido a Mor.
No está Mor, un vendedor ambulante de 22 años que tenía la madre enferma y a la que alimentaba con los 60 euros que cobraba por cada pelea...
No hablamos de cómo desplegaba la zurda aquel chico espigado de menos de 60 kilos. No hablamos del senegalés que mejor se movía por el ring. Estas líneas no iban sobre el deporte.
O no sólo.
Hablamos de que Mor se fue con la cara intacta. Lejos del campo de minas de la barriada de La Inmaculada. Y de que ahora está «en San Sebastián», cuenta la leyenda. Estudiando «becado una ingeniería», añaden los chicos. «Con notas muy buenas», te rodean y se emocionan. En una maravillosa esquiva al destino que la calle y la vida le tenían preparado. Como Gleb. Como Iván. Como Waly. Buscando la sombra de uno mismo. Levantándose a la manera que decía Dempsey: cuando no puedes. Saltando charcos.
Me gusta viajar en avión y en bicicleta. Me gusta viajar en avión porque es muy relajante, lujoso, cómodo y muy interesante. También me gusta viajar en bici porque hago mucho deporte, es muy divertido y puedo viajar en bici simplemente cuando quiero.
Hace un tiempo estaban de moda las tarjetas 3D con dibujos en movimiento. Estas se podian encontrar en bolsas de patatas.
Pero hay día todo el mundo sabe que es un GIF : vídeos cortos silenciosos que se repiten una y otra vez. Pues, todo el mundo podría imaginarlos en un marco digital, pero ¿imprimidos?
Ubersnap permite capturar pequeños GIF con la cámara del teléfono, aplicarle un filtro y encargar una impresión, que será cuadrada y de unos 7,60 cms. El precio por GIF impreso será de 10 dólares (casi 9 euros) y el envío será gratuito.
"La elaboración de cada impresión animada es un proceso de múltiples pasos. Esto se realiza con un software especial, y el resultado se imprime con una impresora fotográfica profesional. Comenzamos por cortar los frames (cada imagen fija del vídeo) de un archivo GIF y luego los entrelazamos en una sola imagen, que puede parecer un galimatías hasta que se alinea la lámina lenticular en la parte superior de la misma", explica Boon Ching Ng, creador de Ubersnap.