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About Robert Lozinski

Autor de Blog El Maestro® y editor de los contenidos. Nacido en Moldavia, república perteneciente hasta finales de los 80 del pasado siglo a la desaparecida Unión Soviética. Licenciado en Filología por la Universidad Estatal de Kishinau. Doctorado en Filología Hispánica por la Universidad de Bucarest. Profesor de español en el Liceo Bilingüe “Miguel de Cervantes Saavedra” de Bucarest. Autor del Blog “La Ruleta Chechena" donde publica artículos y relatos. Su novela, "La ruleta chechena", fue premiada con “Francisco García Pavón de Narrativa, 2008”.

por Javier Cercas

Como siempre he sido muy pedante y muy elitista (o como no se puede leer todo), nunca me animé a leer a Stephen King, quizá el novelista vivo más popular del mundo; pero, después de devorar la entrevista que semanas atrás le hizo en este suplemento Miguel Mora, pienso corregir ese error. Leyéndola, recordé el titular que un periódico gratuito colombiano publicó al día siguiente de la elección del papa Bergoglio: “Argentino, pero modesto”. A diferencia de la mayoría de los escritores, que apenas publicamos nuestro primer relato tendemos a sentir que entre Cervantes y nosotros se abre un vacío dramático en la literatura universal, King se considera un escritor de segunda. Sorprendido por su humildad, Mora le pregunta por qué se quita importancia; la respuesta de King es contundente: “Lo contrario de eso sería llamarme Il Grande, que sería lo mismo que llamarme El Gran Gilipollas. No quiero ser eso. Quiero ser tratado como una persona normal”. Muchas de las respuestas de King están llenas del mismo buen sentido (“La popularidad no siempre significa que algo sea malo”) y en conjunto delatan a un escritor de verdad, que es aquel a quien lo que le importa es escribir, no posar de escritor. De hecho, quizá lo único sospechoso de King, o del King de la entrevista, es su considerable brillantez: mi impresión es que, por regla general, en las entrevistas los grandes escritores suelen parecer un poco grises, porque un escritor de verdad, a menos que sea Oscar Wilde, es quien pone su genio en sus libros y sólo su talento en su vida, lo que explica que su vida siempre esté por debajo de sus libros y que él mismo sea a menudo, en persona, un poco decepcionante. Aunque quizá digo lo que digo porque aún no he leído ningún libro de King.

Pero no es de eso de lo que yo quería hablar. En un momento de la entrevista cuenta King: “Esta mañana íbamos en el coche, nos paramos al lado de un autobús donde iba una mujer sentada y pensé: ‘¿Y si ahora sube un tipo y le corta el cuello?’ (…). Lo importante es esa pregunta: ¿qué pasaría si…? Ese es el motor de mis historias”. Falso: ese no es el motor de las historias de King, sino el de todas o casi todas las historias, el de todas o casi todas las novelas, desde la mejor hasta la peor. Tomemos la mejor. Un día cualquiera Cervantes se dice: “¿Qué pasaría si, en vez de haber sido yo alumno de López de Hoyos y haber vivido en Italia y haber combatido en Lepanto y haber sido cautivo en Argel y ser un poeta fracasado, un dramaturgo fracasado y un novelista fracasado, me hubiera pasado la vida sin salir de un poblachón de La Mancha y leyendo libros de caballería?”. Esa es la pregunta inicial del Quijote, en ese punto exacto empieza la novela. ¿Significa esto que Cervantes es don Quijote y que todo lo que dice don Quijote lo dice Cervantes? Sí y no: todo lo que dice don Quijote lo dice Cervantes, pero también todo lo que dicen Sancho Panza y el cura y el barbero y los demás personajes de la novela, porque lo que dice la novela es el resultado poliédrico, complejísimo y contradictorio del diálogo entre todos sus personajes, empezando por el narrador; del mismo modo, Cervantes es don Quijote y Sancho Panza y los demás personajes de la novela, todos ellos carne de su carne y sangre de su sangre, todos ellos –por usar la expresión de Milan Kundera– “yoes hipotéticos” suyos, posibilidades no realizadas de su vida, caminos que hubiera podido seguir y no siguió, igual que King hubiera podido bajarse del coche en el que aquella mañana circulaba y se hubiera podido subir al autobús en el que estaba sentada la señora y le hubiera podido cortar el cuello. No lo hizo, por fortuna. Pero algún día quizá escribirá una novela donde él será a la vez el asesino y la víctima y donde, si le sale bien, expresará a la vez su furia y su miedo, su apetencia de muerte y su terror a la muerte.

Así funcionan las novelas; tanto para quienes las escriben como para quienes las leen, eso son: vidas hipotéticas, caminos que nuestra existencia pudo seguir y no siguió o aún no ha seguido. Y para eso necesitamos las novelas: para vivir de mentira lo que no pudimos o no quisimos vivir de verdad, para enriquecer nuestras vidas, para ensayar el futuro y prepararnos para él o protegernos de él, para vivir del todo.

elpaissemanal@elpais.es

por Robert Lozinski

En un mundo tan globalizado –o blogalizado, si prefieren- el aprendizaje de las lenguas extranjeras debe replantearse. La verdad es que ya no existen lenguas extranjeras. Hay sólo lenguas. Un internauta puede empezar su comentario en su lengua y acabarlo en otra lengua o escribir en su idiona materno en un blog en inglés, francés, español, alemán o italiano. Y lo que es más curioso, puede recibir una respuesta. Gracias a la blogalización, las fronteras lingüísticas se han borrado totalmente. El fenómeno es tan implacable y arrollador que de aquí a poco en internet se hablará un idioma blogalizado común que consistirá en uso de palabras clave, signos de puntuación que signifiquen algo, letras puestas al revés con su correspondiente sentido. Sus usuarios serán los que ahora son niños o muy jóvenes.

Mientras nosotros nos empeñamos erre que erre en colegializarlos, ellos desarrollan un aprendizaje paralelo en internet que va mucho más a prisa que lo que les damos nosotros en los libros, currículos o cualquier otro medio didáctico normalizado. Si no nos espabilamos, en breve habremos arruinado toda nuestra credibilidad y en cuanto a ellos los habremos perdido de vista para mucho tiempo.

Las escuela de hoy debe ser táctil, concreta, lista para moldear, probar, guardar o tirar. La escuela ya no está en el colegio. Hace tiempo que ha salido. Ha volado, se ha fugado. Con un simple tecleo hasta el más tonto puede encontrar la respuesta a cualquier pregunta, puede escribir un comentario sólo con trozos de palabras, signos de puntuación, errores espantosos. Nadie se escandaliza. Las faltas se toleran y se aceptan. Incluso facilitan la velocidad de la comunicación. No hay que buscar culpables ni corregir nada. Sería perder el tiempo o exponerse a un corta el rollo, tío, no fastidies, no te nos pongas en el camino, despeja.

Hay que adaptarse. Hay que entrar en su mundo como se tira al agua un buzo y aprender a nadar junto a ellos. Cuando pregunto a mis alumnos en el Aula del Blog El Maestro qué diablos significa uno u otro signo, una “D” al revés o una “S” no sé cómo, se ponen muy contentos y empiezan a explicármelo. Les mola hacer aprender al profe. Enganchados, me digo y aprovecho el momentico para enseñarles lo que sé yo, el español, corrigiendo lo que queda del comentario o del texto que acaban de redactar.  Así las cosas funcionan.

defenderse de insultos

por Robert Lozinski

Desgraciadamente una de las entradas que más comentarios "ha cosechado" es "Me cago en esos putos rumanos". Se trata de un tema compuesto por un artista español moderno. Sus razones tendría ese artista. Visto así, yo también tengo mis motivos de aligerarme en su puta madre. Empatados. Y ahora vamos a ver. He dejado a mis alumnos que se expresen libremente al respecto, que se defiendan, que den rienda suelta a su, a mi juicio, legítimo enfado. Así aprenden a expesarse en el castellano vulgar, cada vez más blogalizado. Que no se queden cortos, vamos.

¡Ojo! He dicho "dejado" no "animado".  Para que no digan luego que el profe que han tendido ni siquiera les ha enseñado a defenderse de los insultos. La cosa parece ser muy necesaria teniendo en cuenta la cantidad de improperios que fluyen a chorros en una lengua tan hablada como es el español.

Pero también para ofender hay que tener cabeza y criterio. Una retahíla de tacos sin pies ni cabeza simplemente aburre. Así que, los que se dan una vuelta por nuestro patio, que dejen de dar la lata con cosas sin sentido. Por favor.

por Robert Lozinski

También se aprende con los temas musicales. El caso es que hay que ponerles temas que ellos prefieren. A su edad se va más por el ritmo que por la letra pero, si les ayudas a descifrar la letra la canción, les acaba gustando más y se la pasan de uno a otro con entusiasmo. Pongo abajo unos temas que mayor impacto han tenido

Musica:Emanero: Más tenemos, más queremos

Calle 13 – Muerte En Hawaii

Me gustas Tu- Manu Chao

Juanes – La camisa negra

Manu Chao – Clandestino

Jarabe de Palo – La Flaca

Jarabe de Palo- El Lado Oscuro

Depende-Jarabe de Palo

Funky – Ella Quiere Que La Miren.

Jarabe de Palo – Agua

Bienvenidos a mi Mundo- Nova y Jory, Syko & Cosculluela

Manu Chao – Si me das a elegir

Somos Pacifico -ChocQuibTown

Anúnciate: Aviso a los Tuquis 5: Mi Burrito Sabanero. Interpretan Los Tuquis del VI-C:Los Gipsy Kings y Los Tuquis: Los peces en el río

Blog el maestro II

por Robert Lozinski

Cuando trabajamos en Punto y aparte son los alumnos los que crean sus propios contenidos y los comentan luego. Pueden ser relatos cortos, artículos con temas que les interesan, cuentos sobre la vida. Escriben en su casa y yo los corrijo desde mi ordenador o en la clase con la corrección inmediata y el comentario de errores. A continuación pongo unos cuantos.

Espectacular: Copos de Nieve (de un alumno del VII, Stefan Boca, estreno periodístico en el Blog)

Punto y aparte: La vida

Punto y aparte: Fuerza de la Palabra

Punto y aparte: El periódico “Las chiquitas”

Punto y aparte: Poema

Punto y aparte: Los creps

Punto y aparte: tus sueños por Ana Bulgaru olé

Punto y aparte: Poema de amor(comida)

Punto y aparte: Cuento Navideño

por Arturo Pérez-Reverte

 

El otro día, en Twitter, un bobo escribió algo que me tiene caliente: «La cultura debe ser de acceso libre y gratuita». El fulano criticaba un artículo de Javier Marías en el que éste, con argumentos de peso y conocimiento del asunto, señalaba el grave perjuicio económico que para editores, libreros y autores supone la piratería electrónica en España: uno de los países europeos donde, con desvergonzado beneplácito gubernamental, más impunemente se piratea literatura en la red; hasta el punto de que las ventas cayeron el año pasado hasta el 70% del anterior, con el desastre que eso supone para cuantos viven de la industria del libro.

Y ya que hablamos de desvergüenza y gobiernos, palabras sinónimas, no estaría de más recordar que Ignacio de Luzán, literato aragonés, escribió en el siglo XVIII: «Sólo un Estado organizado y fuerte, liberal y protector con sus artistas, pensadores y científicos, es capaz de proveer al progreso material y moral de la Nación». Dejando aparte el toque absolutista propio de su tiempo, la idea básica sigue siendo válida, y explica muchos males de ahora. Sin cultura no hay educación, sin ésta no hay futuro, y los gobiernos -en democracia, con la colaboración de los ciudadanos responsables- deben garantizar su desarrollo y beneficios generales.

En España ocurre todo lo contrario, y sobre todo con el gobierno de Mariano Rajoy -tan aficionado, por otra parte, al fútbol y al ciclismo- que en materia de cultura hace que Zapatero y su chusma de iletrados e iletradas parezcan la escuela de Atenas. En vez de garantizar la cultura y proteger a sus creadores, esta pandilla desprecia todo lo relacionado con ella, y lo hace de un modo tan infame que acabas preguntándote si tiene cuentas por saldar. En un país donde un producto cultural tiene el mismo trato fiscal que una camiseta de Zara; donde a un director de cine, a un músico o un novelista el ministerio de Hacienda los mete en el mismo grupo que a actrices porno, futbolistas o pedorras de la telebasura, el ministro Montoro encabeza, desde el primer día de gobierno del Pepé, una campaña de acoso e intimidación fiscal nunca antes vista a cuanto tiene que ver con la cultura. Exprimirla sin miramientos, es la idea. Pero a nadie, ni en este miserable Gobierno ni en el anterior, se le ocurre nunca proteger sus derechos. Su trabajo. Su futuro.

Lo contaba Javier Marías en el artículo que mencioné antes. Dos años de esfuerzo en una novela obtienen a cambio el 10% sobre su precio. Si la novela se vende a 20 euros, el beneficio para el autor son 2 euros por cada libro: 10.000 ejemplares vendidos supondrán 20.000 euros de salario por dos años, lo que no es demasiado, sobre todo si se tiene en cuenta que cuando alguien invierte dos años de su vida en escribir una novela, nada le garantiza que ésta vaya a venderse. Eso, sin contar viajes, materiales, inversiones previas necesarias para escribir la obra. En cuanto al libro electrónico legal, si el precio es de 8 euros, el beneficio para el autor será de 0,80 euros. Eso significa que cada lector que baje por la patilla esa novela de la red le estará robando a Javier, a mí, a quien se dedique a esto, entre 0,80 y 2 euros, según el soporte. Lo que significa que 5.000 lectores piratas, a cambio de libros gratis que quizás ni lean, habrán robado al autor entre 4.000 y 10.000 euros. Sin contar el daño hecho a editores y libreros, y a quienes para ellos trabajan. Porque no hablamos sólo de autores, sino de toda una compleja industria y de los miles de personas, empleados y sus familias, que viven de ella.

Algo semejante ocurre con músicos y cineastas. Por eso se desploma el mercado de la cultura, entre quienes la consumen menos y quienes no pagan por ella. Hay esfuerzos y gastos previos imposibles si la rentabilidad es poca. Fabricar cultura es un trabajo como cualquier otro, y exige una remuneración adecuada, sobre todo si ese trabajo es tu medio de vida. Además, un escritor o un artista suelen tener fecha de caducidad, como los yogures, y tal vez esa persona aún deba vivir muchos años de lo que ganó en un momento de éxito. Creer que la cultura es algo que los autores fabrican en ratos libres, por diversión y sin esfuerzo, es una estupidez en la que incurren muchos. Así que calculen lo que pasa cuando las ventas legales caen en picado. Y si eso sucede con autores superventas, que aún se las apañan, consideren lo que espera a los autores modestos. Quién podrá permitirse, de aquí a nada, dedicar dos años a crear algo sabiendo que después no cobrará por ello. Imaginen a un abogado, un arquitecto, un fontanero, a los que no pagaran sino tres de cada diez clientes. Si este trabajo lo quieres gratis, dirían, que lo haga tu puta madre.

http://www.finanzas.com/xl-semanal/firmas/arturo-perez-reverte/

por Robert Lozinski

Me doy cuenta de que los alumnos me necesitan cada vez menos. Tienen a Google, el profesor  universal, al que acuden con un solo clic y les contesta en seguida a cualquier pregunta, por "cursi" que sea sin poner cara de vinagre ni preguntarles ¿cómo es posible que no lo sepas? ¿Qué le vamos a hacer? Así son son los tiempos. Pizarras listas por encerados, tabletas por cuadernos, teclados por lápices. En unas palabras, tecnologías por personas. A ellos parece encantarles estos cambios. La pregunta es cómo transformarlos en herramientas de aprendizaje.

Pronto se van a cumplir dos años desde que El Blog de Los Cervantinos funciona. Lo utilizo en clase para trabajos on line que son los que más les van. Ellos comentan alguna noticia o escriben y publican un artículo mientras que yo, como editor, los corrijo en seguida y les indico los errores. Es la parte que más me gusta también a mí porque tiene dinámica y es muy divertida. Mientras redactan algo, lo que sea, me preguntan palabras o cómo expresar mejor en español esto o aquello. El ambiente es de ruidosa empresa. Las categorías más utilizadas fueron En clase y Punto y aparte. En clase es donde les pongo tareas en vivo. En Punto y aparte escriben relatos que yo corrijo luego. Con satisfacción he observado que el nivel de muchos alumnos ha mejorado. Para algo ha servido todo este esfuerzo.

Hemos desarrollado sesiones con tema común. Es decir, les pongo una entrada (un relato, la letra de una canción, un artículo). Los alumnos la leen, se apuntan las palabras o expresiones desconocidas y luego hacen sus comentarios que yo corrijo sobre la marcha. Es cómoda para el profesor porque los tiene mejor controlados.  Al final los dejo que se comenten entre ellos algo que al parecer les gusta mucho. Pongo aquí unas cuantas.

En clase: Encierro San Fermín (para el VII C)

El padre más decepcionado del mundo dice la verdad a sus hijos(el confidencial)

En clase (hijos adolescentes)