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por Robert Lozinski

Me doy cuenta de que los alumnos me necesitan cada vez menos. Tienen a Google, el profesor  universal, al que acuden con un solo clic y les contesta en seguida a cualquier pregunta, por "cursi" que sea sin poner cara de vinagre ni preguntarles ¿cómo es posible que no lo sepas? ¿Qué le vamos a hacer? Así son son los tiempos. Pizarras listas por encerados, tabletas por cuadernos, teclados por lápices. En unas palabras, tecnologías por personas. A ellos parece encantarles estos cambios. La pregunta es cómo transformarlos en herramientas de aprendizaje.

Pronto se van a cumplir dos años desde que El Blog de Los Cervantinos funciona. Lo utilizo en clase para trabajos on line que son los que más les van. Ellos comentan alguna noticia o escriben y publican un artículo mientras que yo, como editor, los corrijo en seguida y les indico los errores. Es la parte que más me gusta también a mí porque tiene dinámica y es muy divertida. Mientras redactan algo, lo que sea, me preguntan palabras o cómo expresar mejor en español esto o aquello. El ambiente es de ruidosa empresa. Las categorías más utilizadas fueron En clase y Punto y aparte. En clase es donde les pongo tareas en vivo. En Punto y aparte escriben relatos que yo corrijo luego. Con satisfacción he observado que el nivel de muchos alumnos ha mejorado. Para algo ha servido todo este esfuerzo.

Hemos desarrollado sesiones con tema común. Es decir, les pongo una entrada (un relato, la letra de una canción, un artículo). Los alumnos la leen, se apuntan las palabras o expresiones desconocidas y luego hacen sus comentarios que yo corrijo sobre la marcha. Es cómoda para el profesor porque los tiene mejor controlados.  Al final los dejo que se comenten entre ellos algo que al parecer les gusta mucho. Pongo aquí unas cuantas.

En clase: Encierro San Fermín (para el VII C)

El padre más decepcionado del mundo dice la verdad a sus hijos(el confidencial)

En clase (hijos adolescentes)

Noches armadas de Reyes. Pérez-Reverte me está armando. Literalmente.

Javier Marías

Pérez-Reverte me está armando. Literalmente. Me está llenando la casa de armas, y la cosa, poco a poco, me va trayendo consecuencias. Para que nadie se escandalice con el puritanismo habitual de esta época, aclararé que se trata de réplicas inofensivas, pero tan bien hechas que parecen de verdad. Desde hace siete años, adoptó la amable costumbre de regalarme algo cada Navidad, quizá a raíz de la consulta que hube de hacerle sobre el funcionamiento de una vieja pistola Llama, para una de mis novelas. Él, ya saben, anduvo una larga temporada como corresponsal bélico, y entiende de estas herramientas. De hecho, por las descripciones que he leído en entrevistas, su casa debe de parecer, a estas alturas, un anexo del Museo de la Guerra. Así que, como casi todo coleccionista, me va inculcando su afición a golpe de cuchillos –moneda siempre por medio– y pistolas. La primera pieza, con todo, fue sólo un complemento: un bonito y favorecedor casco de los que llevaban los ingleses en la India, en Zululandia y en otros lugares, que se unió al salacot que ya tenía, heredado de mi padre. Como imaginarán, es imposible disponer de algo así sin caer en la tentación de ponérselo de vez en cuando. En una ocasión una periodista extranjera me pilló con el casco en la cabeza, le abrí la puerta sin acordarme de que me lo había encasquetado hacía un rato. “De expedición, veo”, no pudo resistirse a decirme. Luego vino una bayoneta de Kalashnikov, y a continuación un puñal Fairbairn-Sykes, inspirado en los de los gangsters chinos de los años 30 y que fue el utilizado por los comandos británicos de la Segunda Guerra Mundial. Y después otro, el de los marines americanos (los dos últimos de hoja pavonada, para que no reluzca en la oscuridad y delate al que los empuña). Y ahora llevamos tres Navidades con armas de fuego: primero un Colt, yo diría que el modelo de 1873, pero que Jacinto Antón no me haga caso. Le siguió una Webley & Scott de 1915, también británica, con su correa y todo, y que no desentona lo más mínimo con el casco colonial (llamémoslo así) que inició esta tradición.

No hace falta decir que le correspondo con alguna antigüedad, si la encuentro: un larguísimo catalejo que perteneció a un ballenero de Hull, un abrecartas forjado por un soldado de la Primera Guerra Mundial, pone “Yser”, así que debió de hacerlo alguien que detuvo a los alemanes en ese río, en octubre de 1914. Como ven, mis regalos son más civiles. Pero claro, a medida que se ha producido la escalada armamentística en mi piso, noto que Aurora, mujer alegre y encantadora que viene a trabajar tres mañanas por semana, me mira de vez en cuando con una mezcla de preocupación y lástima. Como es también muy discreta, nunca me ha dicho nada ni me ha preguntado por la paulatina proliferación, pero, según crece el arsenal aparente, debe de pensar: “¿Pero qué le está pasando a este hombre? Si antes era de lo más apacible”. En cuanto a Mercedes, asimismo encantadora y que trabaja conmigo otras tres mañanas, advierto que a veces lanza miradas aprensivas, primero a mí, luego a las armas expuestas sobre una mesa, luego a mí de nuevo, como si temiera que un día me voy a abalanzar sobre ellas y a organizar un estropicio. Y cuando viene la risueña Carme unos días, ella sí enterada de la procedencia, cada vez que descubre una nueva le entra un ataque de risa y no puede evitar burlarse: “Pero dónde vas con tanta pistola. Sólo te faltan unas cartucheras cruzadas y un sombrero en la nuca para parecer Pancho Villa”. En suma, me he convertido en motivo de preocupación, temor y befa para quienes me rodean. No quiero ni imaginarme cuál será el veredicto de los periodistas que por aquí aparecen. Concluirán que soy un fanático.

El Capitán Alatriste ha echado por tierra el poco respeto que pudieran tenerme mis colegas académicos

Este año ha tocado una Luger, la icónica pistola alemana de 1908, y a Arturo no se le ocurrió otra cosa que llevármela hace cuatro jueves a la Real Academia Española. Aprovechando el “recreo” –el intervalo entre sesiones, en el que nuestros colegas departen civilizadamente en la Sala de Pastas–, nos fuimos a un pasillo alejado para que me enseñara el funcionamiento. Así que allí estábamos los dos, jugando con la réplica de la Luger y probándola como críos (“¿Te imaginas que hubiéramos tenido una tan perfecta de niños?”, me decía Pérez-Reverte, y yo le contestaba: “Habríamos tenido que esconderla, nos la habrían confiscado”), cuando hubo un inesperado desplazamiento de venerables –bueno, la mayoría–, y nos pillaron con las manos en la masa, apuntando a los techos, amartillando y dándole una y otra vez al gatillo. Algunos nos miraron con reprobación (los más pacifistas), otros con severidad (filólogos y lingüistas sobre todo, varios no suelen estar para bromas), otros con sobresalto (los más aprensivos, debieron de creer que era de verdad la pistola y que podíamos soltar un tiro en la docta casa, profanándola), y unos pocos se acercaron a participar del juego. El Profesor Rico, para variar, nos soltó una impertinencia: “¿Leoncitos a mí?”, nos dijo. “Vaya par de macarras estáis hechos, tratando de amedrentar a las lumbreras”. En fin, no sólo ha fomentado el Capitán Alatriste la desconfianza de mis allegados en casa, no sólo ha conseguido que los periodistas me tengan por un maniaco, sino que ha echado por tierra el poco respeto que pudieran dispensarme mis colegas académicos, que ya me verán para siempre como a un pueril irresponsable, un inconsciente. Eso sí, las armas son todas preciosas.

Javier Marías, Cervantes y Dostoyevski, Contra el contagio universal (El País)

Luca Zidane, hijo mediano de Zinedine y el portero de Real Madrid en el equipo de los de sub 17, fue nombrado el mejor portero del turneo Al Kass Cup.

Aqui son las paradas de Zidane el el partido contra Manchester City.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=-OD58MwyWrA&w=560&h=315]

He encontrado en el internet un poema muy interesante en rumano que he traducido al español y lo quiero compartir con vosotros:

Aún tenemos tiempo para todo                                                                                                   Para dormir, para correr a la derecha y a la izquierda
Para arrepentirnos de nuestros errores y para volver a equivocarnos                                 Para juzgar a otros y perdornarnos a nosotros mismos.

Tenemos tiempo para leer y escribir                                                                                          Para corregir lo escrito, para arrepentirnos de lo escrito                                                     Tenemos tiempo para hacernos nuevos amigos y perderlos                                          Tenemos tiempo para aprender unas cuantas lecciones y luego olvidarlas                            Tenemos tiempo para recibir regalos y no entender para qué sirven.                                      Tenemos tiempo para todo.

Ya no hay tiempo solo para las caricias.
Al hacer esto también  - morimos.                                                                                                 He aprendido que no puedes obligar a alguien que te ame                                                         Lo único que puedes hacer es ser una persona a la que valga la pena amar.
El resto ya no está en tus manos.

He aprendido que la confianza se gana con el tiempo                                                                    Y que sólo la puedes perder en un momento.                                                                               He aprendido que no vale la pena lo QUE tienes en la vida                                                      Sino A QUIÉN.

He aprendido que cuando estoy enojado tengo todo el  DERECHO de estarlo,                     Pero no de ser MALO.                                                                                                                        He aprendido que la verdadera amistad continúa existiendo en la distancia
Y se aplica también para el amor verdadero.

1

La mayor parte del tiempo digo la verdad. Unos me dicen que duele pero ¿qué prefieres,  una mentira que sale a flote y en el tiempo duele m5s o la verdad en el presente? Es una pregunta que puede tener muchas respuestas. Mi opinion es que nunca debes mentir .

2

El amor es un sentimiento contranatural que une a dos desconocidos en una relación mezquina e insalubre, cuanto más intensa, tanto más efímera. (Gabriel García Márquez)

Me parece muy interesante lo que dice el autor y  desde un punto de vista estoy de acuerdo con él porque el amor es el más intenso sentimiento y las personas  que las amas pueden hacerte daño porque ellas son las más importantes de tu vida.

Desde otro punto de vista creo que el amor puede ponerte por las nubes como te puede aplastar.