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los dos vecinos

Los dos vecinos

Erase una vez dos vecinos, Jose y Laura, que vivían en el mismo bloque. Laura se había mudado ahi desde hacía dos meses y Jose había crecido y vivido en esta zona.

Después de terminar los estudios, José se convirtió en poeta. A él le gustaba mucho escribir poesías sobre la naturaleza y el amor.  Por eso necesitaba un lugar muy silencioso.

Laura, como era muy joven, invitaba a todos  los vecinos los fines de semana y ponía la música muy alto en las fiestas. José, como estaba tranquilo, no quería ir a las fiestas de su vecina.

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Un día, mientras Jose estaba terminando una de sus poesías, tuvo una idea: Poner  una canción que sabía que a su vecina no le gustaba  en absoluto. Así que abrió la radio y esperaba que su vecina se enfadara.

A Laura, como no le gustaba esa canción se enfadó en seguida y salió con su perra, Lolita, al parque.

Muy contento, José salió también con su perro, Puxi Pu al mismo parque.

En un momento, José y Laura tropezaron entre sí y las correas se desataron. Los perros huyeron. Los dos empezaron a echarse la culpa. Después de un momento los dos se callaron, tomaron a los perros y fueron a caminar juntos para conocerse mejor.

José, como le gustó el paseo, decidió invitar de nuevo a Laura. Después de la segunda reunión, invitó a Laura a su apartamiento. Laura, cuando vio en que  bloque vivía, se dio cuenta de que ella estaba viviendo en el mismo bloque.  Así que José  era el vecino que había hecho la broma que no le gustó en absoluto.

Pero esto no afectó su relación. Poco tiempo después, se casaron y vivieron felices para siempre.

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Beck Bombilla

Beck Bombilla

dibujo por Bianca Ena, fotografía, Victor Kip

Erase una vez  un niño que se llamaba Beck (Bombilla). Se llamaba así porque sus padres siempre le decían que él no era un niño, que era una bombilla. Beck creció y su  novia le dijo que él no se parecía  a bombilla. Beck decidió hacer una operación estética que le transformó su rostro en una bombilla.

Desde entonces todo el mundo se asustaba al verle y su novia, Bianca, se separó de él .

Fin.

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A fost odată ca nicio altă dată un copil care se numea Beck . El se numea așa pentru că parinții lui mereu îi spuneau ca el nu e copil ci bec. Beck a crescut și  iubita lui i-a spus că el nu seamănă cu un bec. El  a decis atunci să-și facă o operație estetică care i-a transformat fata într-un bec. .

De atunci toată lumea se speria de Beck iar iubita lui, Bianca,  s-a despărțit de el.

Sfârșit.

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McMurphy’s arrival at the insane asylum is the beginning of the end, a turning point in that institution’s history; the same could be said for actor Jack Nicholson’s breakthrough in Hollywood. Ever since the 70s, Nicholson’s trajectory has been sharply vertical, even managing to stay relevant and respected in the post-millennial era of film-making (in his memorable role as the Irish mafia boss in Martin Scorsese’s The Departed).

In One Flew over the Cuckoo’s Nest, there is a recurring uncertainty whether McMurphy is putting on a show and pretending to be insane, or if he’s the real McCoy. Nicholson brings this ambiguity to the forefront. He alternates between normality and psychotic behavior, keeping this up until the audience is unsure which is which. Thus, Nicholson’s McMurphy makes us question the inherent “insanity” displayed by the patients in this institution, a place governed by the feared authority figure Ms. Ratchet.

Of course, unbeknown to audiences in the 70s, Nicholson would end up playing madcap, border-line insane characters, ironically becoming a sort of norm with him. Kubrick’s adaptation of Stephen King’s horror novel, The Shining, is Nicholson’s most exemplary performance of this type – that movie and the famous quote that comes with it (“Heeeeeeeere’s Johnnie!”) forever sealed his reputation as psycho extraordinaire. One Flew over the Cuckoo’s Nest, on the other hand, keeps his human side alive up until the tragic end, when McMurphy is lobotomized – a poignant symbol of society’s pressure to conform or else, and the main point of Ken Kesey’s novel.

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Imagen: wallpaperfo.com

La llegada de R. McMurphy a la Casa de Locos es el comienzo del fin: un giro espectacular en la marchas de las cosas. Lo mismo se puede decir sobre la entrada del actor Jack Nicholson en Hollywood.

Desde los años setenta, la trayectoria de Nicholson ha sido fuertemente vertical. Sigue siendo respetado y relevante en nuestro siglo, especialmente por su reciente papel en la película de Martin Scorsese The Departed (Los Difuntos).

En One Flew Over The Cuckoo's Nest (Y Uno Voló Sobre El Nido De Cuco, según la novela de Ken Kesey), hay una cíclica incertidumbre de si McMurphy está realmente loco o sólo lo finje. Nicholson lleva a un primer plano esa ambigüedad. Su actuación alterna entre normalidad y conducta psicótica y sigue con su papel hasta el final: ni nosotros, los que lo vemos en la pantalla, somos capaces de distinguirlo. Pues, el McMurphy de Nicholson nos obliga a preguntarnos si los locos de su entorno están realmente locos o están más cuerdos que un cubito de hielo.

Desde luego, lo que no sabía el público de los años setenta es que Nicholson interpretaría casi siempre papeles de personajes desequilibrados, algo que se fue convirtiendo en su sello personal. La adaptación de Kubrick de la novela de Stephen King es el papel ejemplar de Nicholson. Aquella película y su frase muy famosa Heeeeeeere's Johnnie! (¡Aquí esta Johnnie!) sellan para siempre su reputación de demente genial.

En One Flew Over The Cuckoo's Nest, sin embargo, guarda sus cualidades humanas hasta el final trágico, cuando McMurphy es castigado con descargas eléctricas, que representa la idea culminante que ejerce sobre el individuo la presión social: o te adaptas o te jodes.

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Marlon Brando in A Streetcar Named Desire: A Few Thoughts

Seeing Marlon Brando’s performance clash so violently with the overall tone of the other cast members, audiences might view Streetcar as a metaphorical battle of old-school vs. new. The establishing scenes with Blanche Dubois and Stanley Kowalski express it best: old-fashioned melodrama comes face to face with a new beast in the guise of Brando, acting non-acting with brutal efficiency. The stylistic chasm between the two is not only miles-wide; it is positively jarring.

What makes Brando such a frightening presence in the movie is his pulsing distaste for the physical world around him, and his treating objects with a laissez-faire attitude that mimics the most basic animal drive. Keeping with Tennessee Williams’ play and its tone, the movie makes use of a plethora of visual and aural cues to express Stanley’s macho stance, either through his voice (sardonic) or his gestures (violent).

What comes across from all this is another mode of acting where the performer becomes his role so completely; it enhances immersion to a breaking point. Here, intense method acting compensates for the 40s-era melodramatics of co-star Vivien Leigh, who is quite simply dwarfed by Brando’s on-screen animal magnetism. It is only fitting that their last scene together, the iconic rape scene, is one of overpowering and complete possession. Films would never be the same after Brando.

Imagen: sanchezdetoro.webcindario

En Un Tranvía Llamado Deseo, el performance de Marlon Brando rompe las normas de su profesión. Brando es un actor de una nueva escuela llamada method acting; el actor no sale de su papel al acabar la filmacion, es decir se mete en el papel por completo. Por eso, los otros actores de Tranvía no están a la misma altura que Brando, no tienen su fuerza.

Vivien Leigh, su co-star, es una actriz de la vieja escuela, de los años 30-40 de Hollywood (véase Gone With The Wind). Utiliza gestos muy melodramáticos, también una intonación old-fashioned, y estos aspectos chocan violentamente con el estilo de Brando.

Esta discrepancia puede ser interpretada como una metáfora del encontronazo estético entre la vieja escuela y la moderna. El punto culminante de esa interpretación es la última escena con los dos, la infamous escena de la violación: el modernismo brutal se apodera del pasado decadente. Es la interpretación original de los inmigrantes (en este caso polacos) que cambian las normas aristocráticas (WASP, White Anglo-Saxon Person) por medio de su voluntad.

En el libro Infinite Jest del fallecido David Foster Wallace (David Foster Wallace se ahorcó en 2008 por motivos de depresión clinica) se habla de la gracia animal de Marlon Brando. En un capítulo un padre explica a su hijo adolescente cómo debe abrir una puerta de garaje. En este texto breve Brando es utilizado como metáfora suprema de la manipulación sutil de los objetos. Hacer nada con todo tu ser es algo que nadie puede hacerlo, salvo Marlon Brando en sus películas. En su performance Brando vuelve a ser un musculo enorme, vivo y homogeneo, duro pero con la fluidez del agua.  Con su talento, ha destruido las antiguas normas de actuación de Hollywood, sustituyéndolas por acting non-acting.

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