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Conseguir un best seller como El código Da Vinci no es tarea fácil. Dan Brown había tenido un primer intento con Ángeles y demonios, pero fue un intento fallido, no contenía los elementos suficientes para que la obra se convirtiese en un fenómeno de masas. Hoy, El código...es una novela de la que se han vendido más de 80 millones de ejemplares y se ha traducido a 44 idiomas. ¿A qué se debe el interés de la obra? Básicamente, a la habilidad del autor a la hora de combinar ingredientes: el suspense detectivesco, el esoterismo, una teoría de conspiración relativa al Santo Grial y al papel de María Magdalena en el cristianismo.

El código Da Vinci utiliza el mismo personaje principal que Ángeles y demonios (2000), que no alcanzó el éxito editorial de ésta (otras dos novelas anteriores del mismo autor tampoco lograron mayor repercusión). ¿Es fácil escribir un best seller? No, pero está claro que quien consigue la fórmula acaba constatando cómo los millones de dólares aterrizan en su cuenta bancaria. El estadounidense Dan Brown (Exeter, 1964) cuenta que lo del código era un regalo de su padre, matemático, que lo hacía la noche de Navidad. De un papel a otro, así hasta lograr encontrar el lugar en el que se encontraba su regalo. Un periplo que practicó durante muchos años hasta conseguir trasladarlo a la escritura y cautivar a los lectores. En 2003 la obra salió a la venta en Estados Unidos y en las primeras semanas ya alcanzó la lista de los más vendidos. En España, los grandes grupos no apostaron por la obra, y fue la editorial Umbriel la que se hizo con los derechos y logró vender en la primera semana 135.000 ejemplares en los primeros 50 días y, cuando los lectores se engancharon por el boca a oreja la edición se realizó a una media de 2.400 ejemplares diarios. Cerca de tres años después, ya ha superado los 3,5 millones en castellano.

No debe de ser fácil conseguir un fenómeno de masas literario. Y como remedio contra el bloqueo de las musas, el autor de El código Da Vinci suele utilizar un método infalible: se ata los pies a una tabla que guarda en el gimnasio de su casa en New Hampshire (EE UU) y la gira hasta que está cabeza abajo. En otras ocasiones recurre a las botas de gravedad, un instrumento que promete aliviarle dolores de espalda y migrañas, y que también utilizan los militares estadounidenses. Brown mantiene que esta terapia de inversión le ayuda a relajarse y a concentrarse. Todo vale para conseguir un buen libro.

El resto de sus hábitos relacionados con la escritura son igualmente singulares. Empieza a trabajar a las cuatro de la mañana, coloca un reloj de arena en su escritorio y cada hora realiza una pausa para hacer flexiones, abdominales y estiramientos.

Dan Brown es el primero de los autores que EL PAÍS ofrece a sus lectores en esta colección. Le seguirán Stieg Larsson, Lorenzo Silva, Christian Jacq y Åsa Larsson. Autores de la literatura de suspense contemporánea, en una selección de sus mejores obras en edición de bolsillo; 15 novelas, más de 9.000 páginas de intriga y emoción para disfrutar de la misma forma que ya lo han hecho más de 200 millones de lectores en todo el mundo. Este domingo, El código Da Vinci, por 3,95 euros con EL PAÍS.

http://cultura.elpais.com/

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Sabemos que existen bueno y malos escritores, pero ¿existen buenos y malos lectores? Para Vladímir Nabokov, sí. En el prólogo a Lecciones de Literatura Europea (aquel que inicia célebremente pidiendo a los lectores que "acaricien los detalles") redacta el siguiente test:

"Selecciona cuatro respuestas a la pregunta: ¿qué cualidades debe tener uno para ser un buen lector:

1) Debe pertenecer a un club de lectores.

2) Debe identificarse con el héroe o la heroína.

3) Debe concentrarse en el aspecto socioeconómico.

4) Debe preferir un relato con acción y diálogo a uno sin ellos.

5) Debe haber visto la novela en película.

6) Debe ser un autor embrionario.

7)  Debe tener imaginación.

8)  Debe tener memoria.

9)  Debe tener un diccionario.

10) Debe tener cierto sentido artístico."

Obviamente, los cuatro últimos ítems son los correctos para Nabokov: imaginación, memoria, diccionario y cierto sentido artístico. No así aquellos lectores que se identifican con los personajes (cada obra crea personalidades únicas, imposibles de ser comparadas con algún ser vivo), y tampoco es necesario pretender escribir -o hacerlo profesionalmente- para graduarse como buen lector. Aquellos que prefieren novelas de acción y diálogos (la "agilidad" debería ser un requisito solo en las clases de gimnasia) tampoco serían buenos lectores. Y los que buscan en las novelas aspectos socio-económico, esos lectores antropológicos carentes de imaginación e incapaces de reconocer la autonomía de la ficción, están irremediablemente perdidos para Nabokov.

¿Y la memoria? Actualmente, fomentar el uso de la memoria es un insulto. "El profesor X usa un método memorístico" es, quizá, el peor de los ataques que puede recibir el pobre X, con los hombros llenos de polvo de tiza y a punto de jubilarse. Sin embargo, ejercitar la memoria es fundamental para capturar y acariciar esos "deliciosos detalles" de los que, dice Nabokov, los buenos libros están cargados. Sostiene también que la relectura es mejor que la lectura. La buena memoria ayuda a sobrellevar los defectos naturales de una primera lectura. Leer bien implicaría no solo recordar el nombre del protagonista, sino también de qué tamaño era el escarabajo Samsa, cuántos años le llevaba su esposo a Anna Karenina y el color de la corbata que Gatsby llevaba cuando se reencontró con Daisy.

También hay que prestar atención a aquel "sentido artístico", pues para Nabokov un buen lector solo puede leer buenos libros (solía calificar a los autores como si estuviesen en un salón de clase;Tolstoi tenía sobresaliente, Dostoievski lo esperaba en la puerta del salón para preguntar por qué no había aprobado). Quien sabe leer busca siempre libros exigentes, no puede limitarse a tragar sin masticar las papillas precocidas de Paulo Coelho o a soplarse el merchandising soft porno empaquetado de novela de E.L.James. Necesita retos.

Existen algunos mitos sobre lo que es un buen lector que deben desestimarse. El primero de ellos: que un crítico literario es necesariamente un buen lector. Puede que no lo sea, incluso puede ser uno pésimo, sin capacidad de análisis, de un galopante mal gusto. Miles de reseñas dan fe de ello. Otro mito es aquel que indica que un buen lector es pausado, lento, sin prisa. Recuerdo un chiste al respecto de Woody Allen: "Hice un curso sobre lectura rápida y leí Guerra y paz en veinte minutos. Trata de Rusia". El chiste es bueno y la idea de que el lector lento es mejor que el veloz parece correcta pero pienso que la velocidad de lectura la escoge cada lector y se acomoda a su momento, a su ritmo personal, al libro en particular que está leyendo. Desde luego, el caso contrario también es un mito: un buen lector es el que lee más y más rápido. Bah. ¿Cuántas palabras por minuto debe leer un buen lector? No creo que una medición así sea posible. También es discutible la idea de que leer algo de moda, aunque sea malo, es beneficioso pues genera una costumbre lectora. No creo que los adolescentes que leyeron la saga Harry Potter oCrepúsculo, los aventureros de sofá que disfrutaron de El código Da Vinci o Millenium o quienes actualmente vibran con E.L.James se conviertan en mejores lectores. Sin duda, leerán todo lo que les ofrezcan de ese autor en concreto, y luego seguirán su predecible vida sin libros.

También debe derribarse el mito de que un buen lector solo un lee clásicos. Es cierto que leer clásicos es apuntar a seguro, pues el tiempo ha hecho una depuración, pero leer contemporáneos no es un acto contrario sino complementario. ¿Por qué escoger entre uno y otro si se pueden tener los dos? Las novedades, en especial las que dialogan con su tradición, nos ayudan a revalorizar a los clásicos. Y aunque a algunos descreídos les cueste aceptarlo, algunas de esas novedades serán luego clásicos. El tiempo hace lo suyo.

Se me ocurre que la razón por la que definir qué es un buen lector resulta complicada es porque la lectura es un acto de absolutamente solitario, uno de aquellos placeres que no se pueden compartir. Me refiero al acto de leer, no a la interpretación o el análisis posterior. Hablo de ese momento en que un lector abre el libro y encalla su nariz sobre las páginas y las horas van pasando, aquel instante de meditación a través de las palabras de otros que no puede ser comparado ni cuantificado ni calificado.

Por ello, quizá no debemos preguntarnos si somos buenos o malos lectores sin antes preguntarnos "¿por qué leer?". Será el tema de mi siguiente post.

Estoy de acuerdo con Vladimir Nabovok, porque no todo el mundo puede entender un libro, sin haber imaginacion, memoria, o tener un cierto sentido artistico. Pero, yo creo que debes penetrar dentro del personaje, para entender todo y para darte cuenta de mucho mas, no solo lo que sale del sentido de las palabras.
Y, yo leo porque me gusta entrar en un mundo creado por un autor, alejandome de la realidad.

'Todos los cuentos', de Raymond Chandler.

"Todos los cuentos" reúne todos los relatos de Raymond Chandler y está muy caliente en las librerías.

Tocho de 1.100 paginazas. 35 'pavos' muy, pero que muy bien invertidos. Submundo crítico dentro de otro mundo en crisis, el nuestro, y repaso a lo mejorcito de un maestro de lo 'negropolicial' como concepto.

Frases cargadas de metralla. Párrafos repletos de políticos corruptos, pasmas chungas, chotas iluminados, encantadoras lumis de pelo rojo, borrachuzos en dique seco, joncarracas capaces de vender a sus madres por una 'chuta' de más y, sobrevolando por encima de sus cabezas, la sombra del héroe frío, intuitivo y solitario cuyo arquetipo culmina en el famoso 'huelebraguetas' Philip Marlowe. Nada nuevo bajo el sol. De los tiempos revueltos de Marlowe para acá, al parecer, hemos avanzado muy poco en materia ética, estética y peripatética. Atendamos a lo que este supertacañón escribió sobre las verdades y mentiras del relato de misterio, ese gran desconocido. Eso sí, mucho cuidado: no sentirse identificado con alguno de estos supuestos, viene a ser algo así como estar muerto. ...continue reading "” El bello arte de matar ” (elmundo.es)"

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He leído recientemente una entrevista en la página http://www.martinoticias.com/ sobre la escritora Belkis Cuza Malé.

La escritora Belkis Cuza Malé es natural de la ciudad de Guantánamo, en Cuba, y estudió Humanidades en la Universidad de Oriente. Exiliada en Estados Unidos desde 1979, ha fundado y dirigido las publicaciones Linden Lane Magazine y la Casa Azul. Ha publicado los libros El viento en la pared (1962), Tiempos de sol (1963). Cartas a Ana Frank 19966).  ...continue reading "Belkis Cuza Malé"

Abraham "Bram" Stoker fue un escritor de novela y relato irlandés que nació el 8 de noviembre de 1847 en Clontarf, Irlanda, y que falleció el 20 de abril de 1912 en Londres, Inglattera.

En su momento fue conocido como el asistente del actor Henry Irving y como el gerente del Tetro Lyceum de Londres, pero hoy en dia se le recuerda por la creación de una de las historia de terror más influyentes de todos los tiempos, su nuvela Drácula, basada en la figura legendaria de Vlad Ţepeş.

Drácula ha sido un personaje fundamental y muy influyente desde la publicación del libro, convirtiéndose en un icono popular. Se han realizado numerosas adaptaciones de la novela, tanto para el cine, la televisión o el teatro.

La figura del vampiro tal y como la conocemos en la actualidad deriva directamente de él. Y, muchos escritores fueron influenciado por el, y por la imagen creada de Bram Stoker.

Jorge Edwards Valdés  es un escritor chileno, crítico literario, periodista y diplomático chileno, distinguido con numerosos premios, entre los que destacan el Nacional de Literatura (1994) y el Cervantes (1999).

Uno de sus más famosos libros se intitula "La casa de Dostoievsky". El libro trata de un joven escritor, el Poeta, que apura la vida entre tragos y amoríos en el Santiago  de Chile de la posguerra. Enamorado de Teresa, marcha tras ella al París de los  años 60, donde ambos se entregan a una pasión clandestina en continuo peligro de  ser descubiertos.
Más tarde se trasladará a Cuba, donde vivirá intensos  momentos políticos de la revolución, para volver definitivamente a su país, a  punto de caer bajo la dictadura de Pinochet.

"La Casa de Dostoievsky"  es un texto generacional sobre quienes, desde el compromiso, evolucionaron y  pagaron el precio de esta evolución liberadora, siempre mal vista por los  pretendidos dueños del pensamiento políticamente correcto. Un homenaje a la  poesía y a la creación artística.

A través de este libro, descubrirán un nuevo mundo, lleno de cultura.

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Me llamo Neagos Corina Ioana y soy alumna en el undécimo grado en el Liceo Bilingue Miguel de Cervantes.  Acabo de leer un libro de Miguel de Unamuno, siguiendo la recomendación de mi profesora, la señora Sima Flavia.

La obra tiene 33 capítulos, un prólogo, un post-prólogo y un epílogo. También incluye cinco historias intercaladas. La confluencia de la realidad y la ficción reaparece en la autoría de algunas partes de la obra. Víctor Goti, un personaje y amigo de Augusto, es autor del prólogo. El post-prólogo fue escrito por Unamuno y el epílogo por el perro Orfeo.

El libro aborda la inseguridad del hombre moderno que se preocupa por su destino y su mortalidad.

El título está cargado de significado, dado que el libro difumina la línea entre la ficción y la realidad. También son nebulosas las descripciones físicas de los personajes y lugares, y hasta pone en duda la naturaleza de la existencia humana. Todas estas características  me fascinaron, razón por la cual leí el libro en sólo dos días.

La novela narra la situación de Augusto Pérez, un joven rico licenciado en Derecho. Hijo único de Madre viuda, a la muerte de su madre no halla qué hacer con su vida hasta que un día, paseando sin rumbo, conoce a una guapa y joven pianista, Eugenia Domingo del Arco de la que se enamora o cree enamorarse y cuya amistad trata de conseguir, cosa que efectivamente logra. Conoce a la familia de ella, que es también huérfana y vive con sus tíos, don Fermín, un “anarquista místico”, y doña Hermelinda.

Su cortejo es al comienzo rechazado por Eugenia, quien aclara a Augusto que ella ya tiene un novio, llamado Mauricio. Ante la respuesta de Eugenia, Augusto entabla una relación amorosa con una de sus sirvientas ocasionales, la señorita que le planchaba, Rosario. Después de algunas peripecias, Eugenia, movida, al parecer, por los celos, el instinto de competencia, y un quiebre con Mauricio, decide aceptar a Augusto como novio y futuro esposo. Se fija el día de la boda, pero antes de que ésta se realice, Augusto recibe una carta de Eugenia, en la que le dice que no se casará con él y que se ira a provincias con Mauricio, a vivir de un empleo que Augusto le había conseguido, porque Mauricio era un holgazán, y de sus rentas, las de la casa que Augusto les había cancelado la deuda de la hipoteca. Ante esto, Augusto decide suicidarse, pero antes decide ir a Salamanca a ver a Unamuno, con quien sostiene un dialogo memorable, en el que el autor hace el papel de Dios y Augusto el de criatura. Augusto recibe de Unamuno-Dios la revelación de que él, Augusto Pérez, no existe, sino que es una criatura de ficción y que está destinado a morir, no a suicidarse como él pensaba. Ante esto, Augusto se rebela, discute el carácter efectivamente real de Unamuno-Dios, lo desafía y le recuerda que él, Don Miguel, y todos los que lean, también han de morir. Abandona Salamanca muy confundido, dejando también muy perturbado a don Miguel, vuelve a su casa y Dios deja de aparecerle en los sueños: se “desnace”, es decir, se muere.

El final de la obra es otro aspecto que me encantó y también me emocionó mucho.

En casi todos los finales de las obras, se suele dar información de cómo corrió la suerte a los demás personajes, pero en esta obra Unamuno no lo hace así, a excepción de Orfeo, el perrito de Augusto. Nos dice que el mencionado cachorro, al ver a su amo sobre la cama y quieto, se subió a ella y empezó a olfatearlo. Se dio cuenta de que no vivía porque echaba como un olor a muerto, y además, ya no respiraba. Con las lágrimas en los ojos, empezó a pensar  que anteriormente fuera su amo y su dios, y todo lo que le debía. Sentía mucha pena por lo que había sucedido. Lleno de pena, murió también.

La ultima escena entre ambos es trágica: el personaje rebelado y el escritor tratando de imponerle lo mas elemental de la ficción literaria: el personaje morirá cuando y como le plazca a su creador.

Personalmente recomiendo encarecidamente Niebla a cualquier tipo de lector, pero más a aquellos pequeños filósofos, como somos la mayoría que nos gusta pensar, y que busquen todas las posibles interpretaciones de La Niebla.

Corina Ioana Neagos - 12A