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Teatro infantil: Aprender y Divertirse

Teatro infantil: Aprender y Divertirse

"No hay en España una literatura, un arte para los niños. Nos preocupamos poco de higienizar ni de alegrar su vida. ¿Hay mejor higiene que la alegría? (J. Benavente, 1866-1954)

Contenido:

I. Introducción al tema

II. Sobre el Teatro en general y el Teatro Infantil en particular

III. Jacinto Benavente: Autor de obras teatrales para niños

IV. Las características del teatro de Benavente

V. El teatro infantil de Jacinto Benavente

VI. Mi experiencia propia en cuanto al teatro infantil

VII. Bibliografía

I. Introducción al tema

El tema tiene un significado importante para mí.

El año pasado compuse una obra    de     te11150771_10206709502557658_7344681978281940584_n (1)atro con mis compañeras y con mi profesor de español que se llama:"El  misterio del diamante"Al principio me pareció un mundo fascinante porque te puedes expresar libremente y puedo decir que aprendí muchas cosas durante este año en el que hemos colaborado con los niños del quinto y sexto grado.

Elegí este tema porque la obra fue un éxito incluso en el Festival de Teatro Español del junio cuando recibimos el Segundo Premio por el guión y la representación de la obra y el Primer  Premio para el decorado, que nosotros mismos dibujamos y pintamos. Además creo que la gran satisfacción de esta experiencia fue los ensayos con los niños que estuvieron muy cooperantes con nosotras. A mí me gustó mucho trabajar con ellos porque son abiertos y se convirtieron en una familia.

Aunque el trabajo fue duro para obtener estos resultados, la satisfacción fue grande y valió la pena. Por eso, este año decidimos continuar esta bonita experiencia y escribimos otra obra que se llama:"¿Qué le pasa a Papá Noel?"Puedo decir que estas dos obras fueron las experiencias más marcantes y unas actividades escolares que recomiendo a todos.

II. Sobre el Teatro en general y el Teatro Infantil en particular

El teatro es un lenguaje común que utiliza la literatura, la música, la pintura, el baile y el mimo para que la gente se pueda expresar libremente cuando están en la escena.

El teatro infantil señala aquellas obras escritas con los niños como destinatarios, es decir que aspiran a ser vistas por el público infantil. Además las obras de teatro infantil ayudan a los niños o a los adolescentes a desarollarse de manera diferente porque los autores de este tipo de teatro están intentando crear un mundo diferente dentro de sus libros, un muno que los niños puedan reconocerlo y relacionarlo con su propia vida.

El teatro infantil español, a juzgar por las muestras que proporcionan los restos de textos escritos, debe situarse en el siglo XIX. En modo alguno podemos considerar infantiles textos medievales de fácil infantilización, por su propia ingenuidad y primitivismo.

Son muchos los autores de teatro para adultos que han escrito igualmente teatro para niños. Entre ellos se encuentran: Jacinto Benavente (El príncipe que todo lo aprendió en los libros), Alejandro Casona (Retablo jovial, Pinocho y Blancaflor), Federico García Lorca (La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón), Lauro Olmo (quien escribió junto a su compañera, Pilar Enciso: La maquinita que no quería pitar, El león enamorado, El raterillo), Alfonso Sastre (El circulito de tiza), Carlos Muniz, Carmen Conde, Ana María Matute, Montserrat del Amo, etc.

A estos nombres se pueden añadir los de especialistas en dramaturgia infantil y juvenil como: Jesús Campos García, Ignacio del Moral, Alberto Miralles, Juan Manuel Gisbert, Luis Matilla, Fernando Almena, Juan Luis Mira, Tomás Afán, Fernando Lalana, entre otros muchos.

III. Jacinto Benavente: Autor de obras teatrales para niños

Jacinto Benavente  nació en Madrid el 12 de agosto de 1866 y falleció en Galapagar el 14 de julio de 1954. Fue un dramaturgo, director, guionista y productor de cine español.

En 1892 publicó su primera obra, "Teatro fantástico", a la que le sigue un libro de poemas, Versos, otro de cuentos, "Villanos" y uno de crítica", "Cartas de mujeres", todos aparecidos al año siguiente.

En 1899, fundó en Madrid el Teatro Artístico, en el que colaboró Valle Inclán y cuyo objetivo era representar un repertorio guiado por los intereses exclusivos del arte. Su referencia más inmediata fue, como en otros casos, el Teatro Libre, creado años antes por André Antoine en París. Entre sus propósitos, se encuentra  la escenificación de obras minoritarias. A los treinta y dos años ya era un autor conocido y formó su carrera aparte en la Cervecería Inglesa de la Carrera de San Jerónimo.

El éxito le llega con el nuevo siglo: "La noche del sábado" (1903) y "Rosas de otoño" (1905) y "Los intereses creados" (1907), considerada su obra maestra.

Ingresó en la Real Academia Española en 1912, ocupó en 1918 un escaño en el Congreso de los Diputados.

Después de la muerte de su madre, en 1922, se fue a Estados Unidos como director artístico de una compañía de teatro y fue, precisamente durante su viaje, cuando se enteró de la concesión del Premio Nobel de Literatura. En Norteamérica pronunció conferencias, se representaron algunas de sus obras y fue nombrado hijo adoptivo de Nueva York.

De regreso en España, recibió numerosos homenajes (entre ellos, hijo predilecto de Madrid, 1924) y después viaja a Egipto, la Tierra Santa, Oriente Medio y Rusia, donde pasó varios meses.

A Benavente se le considera el principal renovador del teatro español del cambio de siglo. Mejoró la llamada comedia de costumbres, el teatro de masas de aquella época, al aportar un lenguaje renovado, una mayor brillantez en los diálogos y más variedad de personajes. Así consiguió dar un salto de calidad respecto al teatro melodramático.

Entre las obras de Benavente que tuvieron mayor éxito de público se encuentran: "El nido ajeno" (1897), "La noche del sábado" (1903), "Rosas de otoño" (1905), "Los intereses creados" (1907), "Señora ama" (1908), "La Malquerida" (1913), "La ciudad alegre y confiada" (1916) y "Pepa Doncel" (1928).

Lo que tenía más éxito para las masas no era igualmente apreciado por parte de la crítica, especialmente por aquellos que, como Ramón Pérez de Ayala, valoraban los contenidos intelectuales y la credibilidad de los argumentos de las obras.

Benavente, muy pendiente de ofrecer textos para todos los públicos, escribió para  todos los sub-géneros. El monólogo lo emplea en "Cuento inmoral"; el pasillo cómico en "No fumadores"; el sainete en "Todos somos uno"; la comedia moralizante en "El collar de estrellas"; comedia de ambiente burgués es "Al natural"; comedia de personajes aristocráticos es "Gente conocida"; una comedia rústica fue "Señora ama"; el drama policiaco es "La Malquerida" y el teatro infantil lo trabaja Benavente en "El príncipe que todo lo aprendió en los libros". Incluso se le considera creador de un género novedoso: el drama patriótico, que estaría representado por su obra "La ciudad alegre y confiada".

La enorme variedad de temas y públicos que abordó a lo largo de su carrera indica su capacidad de observación de cada grupo social, así como la ambición creativa que tenía el autor.

Llegó a escribir más de ciento setenta obras de teatro. Llegó a estrenar la gran mayoría de estas obras, a menudo en producciones propias.

Otro aspecto notable es el hecho de que algunas de sus obras fueron traducidas a otros idiomas y estrenadas en varios países de Europa y América. Esta proyección exterior posibilitó que se le galardonara con el Premio Nóbel de Literatura.

IV. Las características del teatro de Benavente

El teatro de Jacinto Benavente tiene unas características inconfundibles.
- Argumento orientado a señalar vicios, conductas o situaciones muy extendidas entre las distintas capas de la sociedad. Mezcla a los estratos más altos de la sociedad -reyes, duques, magnates- con lo más bajo de la sociedad - criminales, prostitutas-. Pero su extracción social hace que sea más eficaz en sus críticas y lenguaje de clase alta.
- La crítica sólo se torna incisiva en algunos momentos, resultando en su conjunto conservadora, con el fin de no incomodar excesivamente al público que acude al teatro, y que no se sienta excesivamente aludido. Trata de llamar la atención sobre lo que critica pero sin arriesgarse a generar un rechazo frontal a sus mensajes de fondo.
- En el discurso de sus textos empleó un diálogo fácil, en el que predomina el verbalismo sobre la acción.

V. El teatro infantil de Jacinto Benavente

Jacinto Benavente dijo una vez:"No hay en España una literatura, un arte para los niños. Nos preocupamos poco de higienizar ni de alegrar su vida. ¿Hay mejor higiene que la alegría? Aun los niños ricos son aquí más desgraciados que los niños de otros países." (J. Benavente, OC, VII, 530).

Fue una obsesión durante toda su vida: la formación de los niños, su educación, que era tanto como decir su felicidad y la felicidad de la España en la que iban a crecer. Tal obsesión le venía de familia, cuando de pequeño oía hablar a su padre, don Mariano Benavente (1810-1885), del trabajo que llevaba a cabo con los niños de la Inclusa o los del Hospital del Niño Jesús.

Para el autor de "Señora ama", la sociedad española había vivido de espaldas a los niños, arrastrada por un pesimismo radical, que –como en Shopenhauer pero con distinto fin– tenía como emblema la terrible frase de Segismundo en "La vida es sueño": «el delito mayor del hombre / es haber nacido». De ahí que, en sus numerosas conferencias sobre el tema, Benavente habló a veces sobre temas como el amor a los animales, amor que él pensaba que no tenían suficientemente asumido los niños españoles. Todo ello –en su opinión– había ido conformando entre nosotros una mentalidad dura, una sequedad de ánimo que tenía incluso su reflejo en el arte, «apenas esclarecido por gracias infantiles, en los cuadros de Murillo. (Benavente, 1917, 60). Pero no sólo era el arte; también la literatura española tení el mismo defecto: "En España, ¡triste es decirlos!, no se sabe amar a los niños. Si no hubiera otras pruebas bastaría esta falta de una literatura y de un arte dedicado a ellos."

En esto, como en tantas otros aspectos del vivir, Benavente iba muy por delante de su tiempo. A su parecer, el teatro podía ser un magnífico instrumento pedagógico, pues que el teatro representado «es un buen ejercicio de memoria, de entendimiento y de pulmones; se adquiere, además, soltura y elegancia en la dicción y en los modales". Para niños –seguía diciendo– están escritas y para ser representadas por ellos numerosas comedias inglesas, y ¿quién duda que los ingleses saben educar a los niños?» (1917, 53).

Con todo, Jacinto inició un Teatro de los Niños y pudo colar en una compañía de mayores a dos niñas, entre ellas una de ocho años, que con el tiempo alcanzaría gran fama como actriz cómica.

Se puso en marcha el Teatro de los Niños hasta que a principios de febrero de 1910 la compañía se trasladó al Teatro de la Comedia.
El repertorio de obras estrenadas fue el siguiente:

  1. "Ganarse la vida", y "El príncipe que todo lo aprendió en los libros", de Jacinto Benavente (Teatro Príncipe Alfonso, 20-XII-1909)
  2. "Los pájaros de la calle", de Enrique López Marín (Teatro Príncipe Alfonso, 6-I-1910)
  3. "El último de la clase", de Felipe Sassone, y "La mujer muda", de Ceferino Palencia Álvarez-Tubau (Teatro Príncipe Alfonso, 13-I-1910)
  4. "Cabecita de pájaro", de Sinesio Delgado (Teatro Príncipe Alfonso, 20-I-1910)
  5. "El nietecito", de Jacinto Benavente (Ateneo de Madrid, 27-I-1910)
  6. "La mala estrella", de Ceferino Palencia Álvarez (Teatro Príncipe Alfonso, 29-I-1910)
  7. "La muñeca irrompible", de Eduardo Marquina (Teatro de la Comedia, 3-II-1910)
  8. "La cabeza del dragón", de Ramón del Valle-Inclán (Teatro de la Comedia, 5-III-1910)
  9. "El alma de los muñecos", de Francisco Viu (Teatro de la Comedia, 9-III-1910

Consciente de que el éxito de la empresa dependería en buena parte de lo bien administrado que estuviera el tiempo de la función inaugural, Benavente mezcló la poesía con el teatro que iban conjugados en un todo armónico.

Teatro y poesía eran, en efecto, los ingredientes mágicos de la fórmula con la cual Benavente quería destacarse, un indiscutible sello modernista, auspiciado por la presencia, entre los poetas recitados, de Rubén Darío, gran admirador de nuestro autor desde muy tempranas fechas.

La realidad y el ensueño que caracterizan los poemas reaparecen también en las dos obras escritas por Benavente: "Ganarse la vida" y "El príncipe que todo lo aprendió en los libros". Coherente con su forma de entender el teatro, Benavente presentaba en esta función las dos facetas de su estilo dramático: una, consagrada a la denuncia de la realidad; otra, volcada hacia el mundo de la ilusión y la fantasía: «dos caras de una misma medalla [que] se completan en un todo indivisible de continuidad», como escribía el crítico Laserna. Son, en fin, los dos estilos que caracterizaron toda su carrera dramática: "El nido ajeno" frente a "Los intereses creados"; "Señora ama" frente a "La Cenicienta"; "Titani"Pepa Doncel" frente a "Titania…".Al mismo tiempo, tales estilos se corresponden con las dos máscaras del teatro, la tragedia y la comedia o, por mejor decir, con la tristeza y la alegría, tal como el propio Benavente le aclara a José Francos Rodríguez al hablarle de la orientación que piensa seguir a la hora de escribir obras para niños: "No se harán obras que atemoricen o depriman el espíritu de los niños; alegría sana, y tristeza sana también; la que educa y afina el espíritu." (en Lavaud, 1979, 501).

Con la obra que completaba cartel, "El príncipe que todo lo aprendió en los libros", Benavente pisaba unos terrenos más conformes a sus propósitos de renovación escénica: el cuento de hadas y la comedia de magia.La pieza está dividida en dos actos y seis cuadros. En el primer cuadro el Rey despide a su hijo, el Príncipe, quien, después de haber leído muchos libros, se dispone a emprender el viaje que le permita conocer mundo. Lo acompañan un Preceptor y su bufón, el fiel Tonino. El segundo cuadro nos traslada al campo. Una bifurcación de caminos –uno, de zarzas y piedras; otro, de flores– provoca la primera duda a los viajeros, que no saben si tomar el uno o el otro. Mientras el bufón decide emprender el que se antoja más fácil, el Príncipe toma el contrario, pues «los senderos ásperos son los que conducen a los jardines y a los palacios de las buenas hadas y de los buenos reyes, donde moran las bellas princesas que esperan a los príncipes enamorados». Una muchacha, Bella, se entromete en la conversación para ofrecerles su casa como lugar de descanso. Ante la alegría de Tonino, el Príncipe se reafirma en su convicción de que el camino que debe tomar es el otro, de modo que se separa de sus dos acompañantes. En el cuadro tercero una Vieja da su hospitalidad al Príncipe, que cree haber llegado allí para desencantarla. Entran dos Leñadores, que al ver al Príncipe planean robarle. Este se comporta con ellos, sin embargo, con la mayor generosidad regalándoles una moneda de oro, mas estos no cejan en el propósito de robarle, sin descartar para ello la violencia. La Vieja se lo advierte y le anima a marcharse antes de que llegue la noche, pero el Príncipe decide quedarse, pues lo toma como una prueba, gracias a la cual, si sale victorioso, obtendrá la mano de una princesa.

Lo cierto es que Benavente sentó un maravilloso ejemplo con su Teatro de los Niños. Anticipador de grandes propuestas renovadoras, también en este sentido fue un precursor. Precursor del Lorca que buscó desde muy pronto la complicidad de los niños con "La niña que riega la albahaca" y "El príncipe preguntón",con su concepto aniñado del teatro. Precursor también de Salvador Bartolozzi y Magda Donato, creadores del Teatro Pinocho, que durante algunos actuó en el mismo Teatro de la Comedia. En él, precisamente, se repuso "El príncipe que todo lo aprendió de los libros", en 1929. Precursor, en fin, del Alejandro Casona que empezó su carrera dramática haciendo teatro con los niños de la escuela en la que enseñaba.

A pesar de todo, Benavente, que siguió escribiendo obras infantiles ("La princesa sin corazón", "Y va de cuento…"), nunca olvidó que la cultura teatral de un pueblo debía empezar por su sector más joven:los niños.

VI. Mi experiencia propia en cuanto al teatro infantil

En el escenario actuábamos hablando en español y eso nos ayudó a dar fluidez a nuestra manera de expresarnos.

Como el año pasado inicié una de las experiencias más bonitas y marcante de mi vida puedo decir que el teatro es un mundo increíble y gracias a los niños del quinto y sexto grado, yo y mis compañeras podemos decir que hemos llegado a ser muy orgullosas de ellos. Aunque fue un viaje largo hasta que presentamos la obra en el Festival de Teatro Español, creo que fue muy divertido y apasionado todo lo que ocurrió hasta el fin de este proyecto maravilloso. Como dijo el mismo Jacinto Benavente en un artículo "creo que hay una falta de entendimiento y libertad en cuanto a los niños porque, lo que sí puedo decir que aprendí durante este año es que los niños son artistas desde la infancía y lo único que quieren es desahogarse y poder expresarse de manera natural".

Por eso todo el tiempo hemos intentado en primer
lugar a establecer una conexión, una amistad con ellos y dado que nosotras también somos jóvenes creo que los niños se sintieron seguros, protegidos, porque primero somos sus amigas no sus profesores.

La conclusión que saqué es que a través del teatro una lengua extranjera, en nuestro caso el español, se aprende más fácilmente. En el escenario actuábamos hablando en español y eso nos ayudó a dar fluidez a nuestra manera de expresarnos. Por lo tanto, podemos decir que el teatro es una forma de enseñanza y aprendizaje.

 

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