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tudo bem amigo

Tudo bem, amigo

Está en casa Paco Custodio, tomando un café. Jubilado hace años, el veterano cámara de TVE sigue igual, aunque con canas en el pelo rizado y el bigote de mosquetero. Llevábamos tiempo sin vernos. Con Márquez, otro de mis compañeros habituales de entonces, a quien dediqué Territorio comanche, tengo más contacto; nos vemos o lo telefoneo a menudo para escuchar su voz de carraca vieja, que tantos recuerdos me suscita. A Paco Custodio, sin embargo, lo he visto menos: tres o cuatro veces desde que dejé la tele. Sin embargo, es parte importante de mi vida. Y casi lo fue de mi muerte. La última vez que trabajamos juntos fue durante una larga temporada en Sarajevo, hasta que Paco echó cuentas y dijo aquí palma un periodista cada equis días y ya nos toca, compañero. Así que quisiera cambiar de aires. Eso me dijo una noche a la luz de una vela –habían matado a nuestra amiga Jasmina un par de días antes– y se me quedó mirando. Me pareció bien. Había cumplido como los buenos; más allá del deber, como suele decirse, jugándosela cada día en la calle bajo las bombas para cubrir telediarios. Era un tipo valiente que, como nos pasa a todos tarde o temprano, rondaba el límite. Así que lo dejé irse como el amigo que era; su ayudante Miguel de la Fuente cogió la cámara y todo siguió su curso natural. Siempre agradecí a Paco aquella larga y dura campaña. Su lealtad profesional y su entereza. Y mi afecto por él se mantuvo intacto. El origen de ese afecto, sin embargo, era anterior a Sarajevo. Lo que nos unió para siempre, aunque nos hayamos visto poco en estos veintiséis años, ocurrió en Mozambique en 1990, haciendo un reportaje sobre la guerra civil que se emitió con el título de El expreso de Beira...

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