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Los Lakers pierden el control de LA

"Nadie quiere ganar aquí más que yo. Nadie. Nadie". Kobe Bryant explotó tras la derrota de los Lakers el pasado miércoles y en el derbi de Los Ángeles dio la exhibición que todo el mundo esperaba. Con Steve Nash lesionado, el escolta encontró vía libre para tomar las riendas del equipo. Suspendió por un día el Ataque Princeton y se hizo dueño y señor del balón, pero sus 40 puntos no cambiaron el resultado: los Lakers sumaron frente a los Clippers la tercera derrota de la temporada (95-105. La discreta actuación de Pau Gasol (10 puntos y 14 rebotes) tampoco fue suficiente ayuda. [Resultados y clasificaciones]

Para encontrar unos Lakers que perdieran los tres primeros partidos del curso hay que remontarse hasta 1978 o, lo que es lo mismo, al último año antes de la sonrisa de Magic Johnson. También el último antes de que Jerry Buss comprara la franquicia. Si algo ha demostrado el propietario del equipo durante más de tres décadas es estar dispuesto a lanzar dinero sobre la mesa para hacer una plantilla competitiva. Así lo ha hecho este verano con las incorporaciones de Steve Nash y Dwight Howard, pero el resultado de momento es deficiente.

No es algo inesperado, puesto que los Miami Heat ya pasaron por un proceso de adaptación similar en su primer año –y terminarían disputando la final–, pero sí difícil de digerir en una franquicia demasiado acostumbrada al éxito. Enfrente estaban los Clippers, un equipo que desde que se trasladara a Los Ángeles ha sido etiquetado como 'El Hermano Pobre', pero que gracias a un excepcional trabajo en los despachos se ha convertido en un conjunto a tener en cuenta dentro de la Conferencia Oeste. Son jóvenes, rápidos, atléticos y tienen una plantilla muy profunda. Son todo lo que a día de hoy de no son los Lakers.

Kobe Bryant, en solitario

Lo más preocupante de la tercera derrota del equipo dorado y púrpura no fue revivir las hazañas en solitario de Kobe Bryant, sino que esa opción fuera la que mejor funcionó. Cuando el escolta angelino asume tal control del juego suele significar que el resto del equipo no da mayores garantías de pelear el partido. Anoche despertó esa bestia competitiva y, durante algunos tramos, Bryant mordió su camiseta por no morder a alguno de sus compañeros. El desenlace, sin embargo, no varió un ápice. Los Lakers perdieron y abandonaron el Staples Center con sensación de impotencia.

La única vez que los de amarillo mandaron, el marcador señalaba 1-0. El resto perteneció a los Clippers, y en concreto a Chris Paul (18 puntos y 15 asistencias). Si los bases de los Lakers ya habían sufrido contra Darren Collison o Damian Lillard, la carnicería era previsible contra uno de los mejores directores de juego de la NBA. Dominó a su par y el partido a su antojo, dando una vuelta más de tuerca cada vez que el rival daba signos de mejora. El estoque quedó en manos del sexto hombre, Jamal Crawford, autor de ocho puntos en el último cuarto y 21 en el encuentro. Más que el banquillo de rival al completo.

Durante todo el partido, aun después de un tercer cuarto desastroso, los Lakers fluctuaron en diferencias cercanas a los diez puntos. Nunca se dejaron ir mucho más lejos, pero tampoco fueron capaces de completar la remontada. De nuevo un esfuerzo pobre en defensa y mejorable en el rebote. De nuevo una derrota, que deja a los angelinos sin haber saboreado el triunfo después de tres encuentros. "Necesitamos una victoria, no voy a mentir a nadie. Necesitamos de verdad una victoria", confesó Mike Brown tras el encuentro. Por suerte para su equipo, los próximos rivales serán más asequibles.

Miami cae en la Gran Manzana

Carmelo Anthony. | ReutersCarmelo Anthony. | Reuters

En el primer gran evento deportivo que vivió la ciudad de Nueva York desde la devastación causada por el Huracán Sandy, los Knicks sellaron una contundente victoria sobre los Miami Heat (104-84). Hasta unas horas antes, incluso algunos jugadores dudaban de que el partido debiera celebrarse. Ya sobre la pista, un motivadísimo equipo local regaló a los aficionados un triunfo brillante sobre los vigentes campeones. Carmelo Anthony, con 28 puntos y diez rebotes, fue el líder esperado por el Madison Square Garden.

Mucho se ha hablado durante el verano de la disposición de Anthony para ceder terreno a favor del equipo o, cuando menos, deAmare Stoudemire. Pero con la otra superestrella lesionada, nadie cuestiona su licencia para tirar. El alero protagonizó un primer cuarto fastuoso, anotando 16 puntos y, por improbable que pareciera, marcando el tono que seguirían los Knicks durante el resto de la noche. Los tres bases (FeltonKidd y Prigioni) prendieron la circulación de balón y el increíble acierto exterior (19-36) abortó cualquier opción de remontada por parte de Miami.

Pero no todo fue inspiración ofensiva. En defensa, los Knicks ofrecieron el tipo de sacrificio que durante años ha faltado en el equipo. Ese esfuerzo fue el principal causante del apagón de los Heat, que no encontraron la manera de poner en marcha su ataque (21 pérdidas de balón). En la Gran Manzana se desviven por resucitar contra Miami la que fuera una de las grandes rivalidades de finales de los noventa. Significaría que Nueva York ha vuelto a la élite. Por el momento, y pese al resultado, están lejos. Pero el de su estreno fue un buen primer paso.

Por su parte, Memphis sumó su primera victoria de la temporada a costa de los Golden State Warriors (94-104). Los Grizzlies, que habían caído en su debut contra los Clippers, estrenaron el casillero de triunfos liderados por Marc Gasol y Mike Conley, autores de 21 puntos cada uno.

El Mundo

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